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7 julio 2011 4 07 /07 /julio /2011 23:38
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6 julio 2011 3 06 /07 /julio /2011 03:20

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5 julio 2011 2 05 /07 /julio /2011 21:46
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5 julio 2011 2 05 /07 /julio /2011 21:37
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5 julio 2011 2 05 /07 /julio /2011 19:02

Estos males, esta monstruosa violencia, esta dura agonía

no son más soportables por haberlos previsto durante muchos años.

Los vimos acecarse con paso lento y pétreo; todos nos dimos cuenta pero cerramos los ojos ante ellos, y al abrirlos estaban más cerca.

A veces nos reíamos y ya estaban más cerca.

Ahora están aquí. Hasta un ciego prevee qué seguirá:

hambre degradación, convalescencia y todo lo demás, y las locuras epidémicas: no es suficiente muerte para valernos, no es suficiente muerte.

Sería mejor para los hombres ser menos y vivir apartados, donde no puedan infestarse unos a otros;

entonces podría penetrar poco a poco en su mente la salud de los campos y la montaña y del fío mar y las radiantes estrellas.

 

Otro sueño, otro sueño.

En el futuro tendremos que aceptar ciertas limitaciones y abandonar ciertos sueños humanos: solo las mentes poderosas, los desvelados y los realistas, podrán montarse en la roca que rueda cuesta abajo, desprendida de la sombría montaña, para llegar a nuevos campos;

tendremos que entender que esas locuras son normales;

tendremos que entender que la batalla es una flor ardiente, o bien como una inmensa música; y el estridente orgasmo del bombardeo en picada

es tan hermoso como otras pasiones; que muerte y vida no son graves alternativas. 

Uno ha visto estas cosas durante muchos años: aun más grandes y negras son las que se verán en los próximos siglos.

 

¿Por qué lloras amor mío, por qué lloras?

Todo está en los círculos giratorios del tiempo;

y si millones nacen millones deben morir.

si Inglaterra baja Alemania sube,

el perro más fuerte estará encima siempre.

todo gira en el tiempo;

el hundimiento de la civilización sería un gran espectáculo.

No será en nuestro tiempo, ay amor mío.

no será en nuestro tiempo.

 

ROBINSON JEFFERS

 

versión: José Emilio Pacheco


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1 julio 2011 5 01 /07 /julio /2011 23:39
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29 junio 2011 3 29 /06 /junio /2011 23:43

Descendíamos hacia el río fiel: ni su ola ni nuestros ojos habían 
                                                                                 abandonado a París.
No pequeña ciudad, sino ciudad infantil y maternal.
Ciudad que todo lo atraviesa, como un sendero de verano,
lleno de flores y de pájaros, como un beso profundo, lleno también 
de niños sonrientes, y de madres frágiles.
No una ciudad en ruinas, sino una ciudad compleja, marcada por
                                                                                           su desnudez.

Ciudad entre nuestras muñecas como una atadura rota, entre nuestros
ojos como un ojo ya visto, ciudad repetida indefinidamente como un
                                                                                                        poema.
Ciudad siempre semejante a sí misma.
Vieja ciudad... Entre la ciudad y el hombre no había ni siquiera el espesor
                                                                                                    de un muro.
Ciudad de la transparencia, ciudad inocente.

Entre el hombre abandonado y la ciudad desierta, había más que 
                                                                                                    el espesor de un espejo.
Sólo había una ciudad que presentaba los colores del hombre, tierra 
                                                                                                 y carne, sangre y savia.

El día que juguetea en el agua, la noche que muere sobre la tierra.
El ritmo del aire puro es más fuerte que la guerra.
Ciudad con la mano tendida, y, entonces, todo mundo  ríe y todo mundo
                                                                                           goza. Ciudad ejemplar.

Nadie pudo saltar los puentes que nos conducían al sueño y del sueño 
                                       a nuestros sueños y de nuestros sueños a la eternidad.
Ciudad perdurable, donde viví un día nuestra  victoria sobre la muerte.


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28 junio 2011 2 28 /06 /junio /2011 20:55
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22 junio 2011 3 22 /06 /junio /2011 21:00

 

petaien

 

 

 Laurence Bertrand Dorléac, autora de El arte de la derrota, una historia del arte francés durante  el régimen de Vichy, charla con Angel Llorente sobre el tema de la violencia, el fascismo y el arte. (fragmento).

 

 

Ángel Llorente: En 2004 la editorial Gallimard publicó tu libro L’ordre sauvage. Violence, dépense et sacré dans l’art des années 1950-1960. Me gustaría comenzar esta entrevista preguntándote por las razones de tu interés por las relaciones entre las artes plásticas y la violencia.

Laurence Bertrand Dorléac: En realidad, estoy preparando desde hace diez años una historia del arte en el siglo XX y este libro sobre la violencia en el arte en los años 1950-1960 es como un intermedio que se ha impuesto como una necesidad, cuando tuve la ocasión de encontrarme con unas fotografías de happenings de esos años, de un happening en particular, 120 minutes dédiées au divin Marquis. Se trataba del marqués de Sade. Jean-Jacques Lebel, que había introducido este tipo de práctica artística, res- pondía así a la censura de una película de Jacques Rivette, La Religieuse, que, a pesar de haber sido incluida en la selección francesa en el Festival de Cannes, había sido censurada para el gran público. La película representaba por lo tanto oficialmente a Francia pero su visionado estaba prohibido por los franceses mismos.

Las imágenes que se habían conservado del acontecimiento eran muy provocadoras, casi incomprensibles para alguien de mi generación. Se trataba de poesía, de sangre, de sexo, de trasgresión de género, de transexualidad, de estrellas amarillas, de guerra, de lengua liberada, de espectadores invitados a salir de su papel pasivo tradicional.

He intentado comprender y, de una cosa a otra, me he interesado por formas de violencia, de sacrificio, de lo sagrado, prácticamente por toda Europa y en los Estados Unidos. Es así como he comprendido que, a finales de los años 50, todavía no habíamos terminado con la guerra y que los artistas llevaban a cabo prácticas de sacrificio corpo- ral y psíquico radicales, muy particulares, en los países que se habían relacionado con el totalitarismo. En Japón, en Austria, en Alemania, en Italia y en Francia. Se trataba de formas de catarsis relacionadas a la vez con tradiciones culturales nacionales pero también con la experiencia común de la militarización y de la violencia de la guerra. Todo esto actuaba como una forma de liberación después de un trauma y de formas de culpabilidad que los artistas aceptaban asumir como propias a riesgo de excluirse com- pletamente de la escena artística tradicional y, por supuesto, del mercado del arte.

Ángel Llorente: Otro de tus campos de investigación es el del arte y el fascismo, iniciado, si no me equivoco, con la tesis doctoral que, a finales de la década de los años ochenta, dedicaste a las artes plásticas en la Francia ocupada durante la Segunda Guerra Mundial, es decir en una situación de violencia institucionalizada en la sociedad fran- cesa. Una de las manifestaciones de los regímenes totalitarios fue la estetización de la violencia.

Laurence Bertrand Dorléac: Sí, haces hincapié en la continuidad de mis dudas y tienes probablemente razón. En mis dos primeros libros, estudiaba las relaciones entre la historia y el mundo del arte, en un momento de violencia inaudito, en el que las libertades básicas estaban anuladas por el doble gobierno en Francia de la Alemania nazi y del régimen de Vichy. Las modalidades de existencia y de subsistencia del arte habían sido entonces profundamente modificadas: hasta tal punto que nos podemos preguntar cómo el arte pudo todavía existir, ser imaginado, producido, expuesto incluso, en algu- nos casos por lo menos, vendido y comprado.

La situación era de una gran violencia y de una gran tensión. Era objetivamente violenta en los casos de censura, violenta en los casos de exclusión de los judíos y de los francmasones, de los comunistas, de todos aquellos que eran conocidos por sus simpatías con el enemigo del momento. Incluso si, en Francia, la política de los alemanes consistió en esperar hasta la victoria final para militarizar a los franceses, mientras que los franceses comprometidos del lado de Alemania se encargaban de asegurar la vuelta al orden. Por ejemplo cuando Vlaminck, ex fauvista y de vuelta de la «modernidad», acusaba públicamente a Picasso en París de haber parido una maldad, de haber encarnado la modernidad. Por entonces, Picasso que había solicitado la nacionalidad francesa y que había visto cómo se la rechazaban por sus simpatías anarquistas de principios del siglo, era considerado persona non grata, tolerado lo justo, protegido por algunas personalidades que sabían que su detención provocaría un escándalo internacional. Vlaminck y otros, haciendo de él un cabeza de turco, no dejaban de aprovechar la ocasión para denunciarlo como no hubieran podido hacerlo en tiempos normales.

En cuanto a la parte de estetización de la violencia a la que haces referencia, es sobre todo válida para Alemania, aun cuando Francia tiene a sus seguidores de «un hombre nuevo». Alemania, por su parte, basa su régimen en esta estetización. A propósito, Eric Michaud escribió un excelente libro sobre el tema (Un art de l’éternité, Gallimard, 1996).

Ángel Llorente: Un fenómeno que, en mi opinión, no era nuevo y que todavía continúa bajo otras circunstancias políticas, sociales y culturales. ¿Cuáles son, según tú, las causas de esa estetización y cuáles las diferencias entre lo hecho por los totalitarismos y por otros regímenes?

Laurence Bertrand Dorléac: Creo que la experiencia de estetización de la vio- lencia y de la política por parte del régimen nazi es muy singular. Claro que otros re- gímenes han estetizado la política pero el nazismo, cuyo jefe era un artista fracasado, representaba un momento particular en la historia. El fascismo italiano se sirvió también del futurismo para fundar (y no solamente ilustrar) su doctrina y su aspiración revolucionaria. La Unión Soviética se apoyaba, hasta cierto punto, en sus artistas para dar forma al «hombre nuevo» y a la nueva era que se anunciaba. En democracia, el proceso de instrumentalización del arte es más difuso, más soft, menos relacionado con la violencia y con la militarización del cuerpo y de los espíritus. De ahí sus múltiples formas de desbordamientos que sólo pueden producirse si el Estado no interviene continuamente para prohibirlos.

Ángel Llorente: El siglo XX ha sido un periodo de grandes carnicerías para la humanidad, provocadas sobre todo por la aplicación de la técnica a la destrucción bélica. La guerra ha sido, también, un tema que ha dado grandes obras de arte. Quisiera acabar pidiéndote un comentario sobre este asunto, pero, agradeciéndote, antes, tu colaboración en este número de Cultura Moderna dedicado a la violencia y la cultura.

Laurence Bertrand Dorléac: La guerra ha suscitado grandes obras de arte porque está casi siempre presente en nuestras sociedades, prácticamente siempre. No estoy segura de que haya que atenerse a sus más explícitas representaciones porque en el caso de la Primera Guerra Mundial, en particular, pudimos ver que los artistas no alcanzaban a responder al acontecimiento, al menos en un principio. Otto Dix pinta Der Krieg sólo unos años más tarde. El ejemplo contrario del Guernica fabricado en el calor del acontecimiento es la excepción que confirma la regla, y tanto más cuanto que Picasso no reniega de su audacia artística para hacerse comprender. Se arriesga a no ser compren- dido, incluso por sus comanditarios republicanos que habrían preferido un mensaje más legible, más unívoco. En realidad, la guerra está sin duda presente en las obras bajo otras formas que no son la simple ilustración del evento. Me decanto más por una historia del arte que no refleje los acontecimientos históricos pero que tenga en cuenta la larga duración, los movimientos subterráneos e imperceptibles de lo imaginario. Desde ese punto de vista, se puede decir que la guerra es más larga que la guerra y que nutre, como la forma de violencia última de las sociedades, el corazón de los hombres abandonados a su memoria forzosamente dolorosa.


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19 junio 2011 7 19 /06 /junio /2011 04:03

 

 

Levanta la paja

Y mira la nieve

Escribe tus cartas

Recibe tus órdenes

 

Fumando una pipa

Piensa en el amor

Hay aquí gaviones

Contempla la rosa

 

Aún mana la fuente

Y hay oro en el heno

Observa a la abeja

Olvida el futuro

 

Mírate las manos

Porque son la nieve

La rosa y la abeja

También el futuro

 

GUILLAUME APOLLINAIRE

(VERSIÓN DE ULALUME GONZÁLEZ DE LEÓN)


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