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20 octubre 2011 4 20 /10 /octubre /2011 18:58

¿Qué es, pues, la historia? Yo propondría esta respuesta: la historia es el conocimiento del pasado humano. La utilidad práctica de tal definición es la de resumir en una breve fórmula el aporte de las discusiones y glosas que habrá provocado. Comentémosla:

Diremos conocimiento y no, como algunos otros, «narración del pasado humano» ni tampoco «obra literaria que pretende referirlo»; sin duda, el trabajo del historiador ha de concluir normalmente tomando la forma de una obra escrita (y este problema lo examinaremos para terminar), pero ésta es una exigencia de carácter práctico (la misión social del historiador…): de hecho, la historia existe ya, perfectamente elaborada en el pensamiento del historiador, aun antes incluso de que la haya escrito; por muchas que puedan ser las interferencias entre ambos tipos de actividad, son lógicamente distintos.

Henri_I_MarrouDiremos conocimiento y no, como otros, «investigación» o «estudio» (aunque el sentido de «búsqueda», «encuesta», sea el primero de la palabra griega στορία), porque esto es confundir el fin con los medios; lo que importa es el resultado conseguido mediante la investigación: si no hubiese de alcanzarse con ella, no la emprenderíamos; la historia se define por la verdad que se muestra capaz de elaborar. Diciendo, pues, conocimiento, entendemos por tal el conocimiento válido, verdadero; la historia se opone, así, a lo que podría haber sido, a toda presentación falsa o falsificada, irreal, del pasado, a la utopía, a la historia imaginaria (del tipo de la que ha escrito W. Pater), a la novela histórica, al mito, a las tradiciones populares o a las leyendas pedagógicas —ese pasado en aleluyas que el orgullo de los grandes Estados modernos inculca, desde la escuela primaria, en las almas inocentes de sus futuros ciudadanos.

Sin duda, esta verdad del conocimiento histórico es en sí un ideal que, cuanto más avanzamos en nuestro análisis, menos fácil de alcanzar nos irá pareciendo: la historia debe ser siquiera el resultado del esfuerzo más riguroso y más sistemático por acercarse a él. Por eso quizá fuese útil precisar describiéndola como «conocimiento científicamente elaborado del pretérito», si la noción de ciencia no fuese ya ella misma ambigua: el platónico se admirará de que anexionemos a la «ciencia» este tipo de conocimiento tan poco racional, que manifiesta todo él el dominio de la δóξα; el aristotélico para quien no hay «ciencia» si no es la de lo general, quedará desorientado al ver que se describe la historia (y no sin alguna exageración lo verá) como los trazos de una «ciencia de lo concreto» (Dardel) o «de lo singular» (Rickert). Precisamente, pues (es inevitable hablar griego para entenderse aquí) si se llama ciencia a la historia no es en el sentido de επίοτημη sino más bien en el de τεχνη, es decir, por oposición al conocimiento vulgar de la experiencia cotidiana: es un conocimiento elaborado en función de un método sistemático y riguroso, el conocimiento que se ha revelado como representante del factor óptimo de verdad.

Conocimiento del pasado, aun cuando se trate de historia enteramente contemporánea (pensemos en el agente de la circulación que redacta —acto histórico elemental— el atestado del accidente que acaba de producirse hace unos segundos ante sus ojos); conocimiento del pasado humano: sin prejuzgar nada de lo que haya podido suceder, resistiéndonos en especial a las exigencias preliminares que desearía imponernos el filósofo de la historia, nuestro peor enemigo (como lógicos y filósofos de las ciencias que somos); él sabe, o pretende saber, lo que constituye la esencia del pasado; nosotros rehusamos aquí el saberlo y aceptamos en su complejidad todo cuanto ha pertenecido al pasado del hombre, todo lo que de ese pasado podemos nosotros llegar a aprender.

Así, decimos pasado humano, rechazando cualquier adición o especificación como sospechosa de segundas intenciones. ¿Por qué añadir, por ejemplo, pasado «de los hombres que viven en sociedad»? Esto es o inútil, puesto que sabemos desde Aristóteles que el hombre es el animal que vive en sociedad organizada (el historiador del eremitismo descubre con asombro que la huida al desierto no separa al hombre de la sociedad: ante Dios, el contemplativo asume a toda la humanidad), o tendencioso: yo no puedo admitir que se pretenda excluir de la historia los aspectos más personales de la recuperación del pasado… que son quizá su conquista más preciosa.

Igualmente, ¿por qué precisar diciendo «de los hechos humanos del pasado»? Inútil si por «hechos» quiere significarse simplemente la realidad, lo opuesto a lo fantástico e imaginario: inmensamente sospechoso si por ese camino se trata de insinuar la exclusión de las ideas, los valores y el espíritu; por lo demás, nada nos parece tan poco claro como la noción de «hecho» en materia de historia.

El único elemento de nuestra definición que acaso sigue siendo ambiguo es el de pasado humano. Entenderemos por tal el comportamiento susceptible de comprensión directa, de captación interior, acciones, pensamientos, sentimientos y también todas las obras del hombre, las creaciones materiales o espirituales de sus sociedades y de sus civilizaciones, efectos a través de los cuales podemos llegar hasta su realizador… En una palabra: el pasado del hombre en cuanto hombre, del hombre hecho ya tal, por oposición al pasado biológico, al del devenir de la especie humana, objeto éste no de la historia, sino de la paleontología humana, rama de la biología.

Tomado del libro El conocimiento histórico. Barcelona: Labor, 1968.

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20 octubre 2011 4 20 /10 /octubre /2011 03:40
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19 octubre 2011 3 19 /10 /octubre /2011 20:56

 

 

La reconstrucción de la experiencia histórica del pasado enfrenta, como afirma Gadamer, distintas interpretaciones de cómo sucedieron los hechos y del papel jugado por los individuos en ellos. Lo cual no conduce necesariamente a un callejón sin salida de verdades irreductibles, como quisieran algunos. Un  ejemplo es el caso del sargento del ejército norteamericano Alvin C. York, quien el 8 de Octubre de 1918, el último año de la Primera Guerra Mundial, jugó un rol decisivo en la batalla del valle y las colinas cercanas a Chatel-Chéhény, en Francia. El intrépido asalto ese día a la colina 223 fue registrado en su diario personal y ha sido motivo de una larga polémica, así como de libros y hasta de una célebre película: Sergeant York, a la que pertenece esta crucial escena. Sin embargo, y pese a la revisión casi inmediata de los acontecimientos realizada por los superiores del sargento York, otros soldados y oficiales participantes del asalto ofrecieron una versión distinta del hecho, en la que la hazaña llevada a cabo por este 'héroe americano' ya no parecía ser tan extraordinaria y, sobre todo, tan idiosincraticamente anglosajona (de Tennessee, para ser exactos).  En realidad, la leyenda del sargento York dio inicio con la crónica periodística de George Patullo, en el Saturday Evening Post, titulada The second elder gives battle. En ella su autor había hecho caso omiso del testimonio de otros soldados y había orientado toda la atención de su reportaje en el sargento York, con el propósito de crear un héroe y un mito a su alrededor. link (en el enlace aparece la lista de los otros soldados que dispararon y tomaron por asalto la trinchera alemana). Finalmente, York resultó ser un pacifista no tan convencido de hacer la guerra a la guerra y se sumergió en su antiguo terruño de Tennessee. El general Pershing, aquel que había perseguido a Pancho Villa hasta México, el mismo que sufrió la pérdida de su esposa e hijas en un incendio en Texas, fue quien se llevó todos los honores de la guerra, siendo nombrado general de todas las armadas de Estados Unidos. La historia es de los que la escriben, aunque sea en su diario personal.

 

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imagen: el sargento Alvin C. York en el escenario de su hazaña, un año después, 1919.

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19 octubre 2011 3 19 /10 /octubre /2011 04:12

 

Entre las múltiples muestras de lo que podría llamarse el cancionero internacional de la Guerra Civil española, destaca esta canción dedicada a la columna Ernst Thälmann, que agrupaba a los comunistas alemanes y que llevaba el nombre del lider comunista, por entonces todavía con vida, detenido en una prisión nazi. La música fue compuesta por el conocido compositor Paul Dessau y la letra por su esposa Gudrun Kabisch.  Dessau terminaría en Hollywood (al igual que Eisler y Brecht) componiendo para Walt Disney. La interpretación es de otro célebre militante comunista de entonces, el actor y cantante Ernst Busch

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18 octubre 2011 2 18 /10 /octubre /2011 21:58

gadamer12.jpg

 

¿Cómo explicar o incluso cómo poder legitimar este desprecio generalizado por el tema de la experiencia histórica del pasado? Probablemente el teórico de la historia señalará que la base del conocimiento histórico no está en la experiencia del pasado mismo, sino en el conocimiento de la experiencia que el historiador adquiere con y mediante el material de fuentes estudiado. Después podrá decir que esta situación no tiene nada de insatisfactorio o preocupante. Al cabo que un físico tampoco dispone nunca de la percepción sensorial y directa de las partes subatómicas que estudia, sino solamente de las huellas que éstas dejan en una lámina fotográfica o en la cámara de Wilson. Por tanto, el historiador no se encuentra en una posición menos afortunada que la del físico cuando él, el historiador, sólo conoce el pasado por las huellas que el pasado dejó.

 

Definitivamente esta argumentación tiene elementos defendibles, pero no satisface por dos razones. En primer lugar, no podemos negar que las ciencias exactas tienen su origen en el estudio de los tipos de fenómenos que nos son dados como tales en la percepción sensorial -y no entonces sólo en la forma de huellas. Podemos pensar en los cuerpos grávidos de Galileï, en la ruptura de la luz de Newton, en la combustión en la química o en la enfermedad y la muerte en la ciencia médica. ...La comparación entre la práctica de la historia y la de las ciencias naturales, entonces, más que aligerar nuestra preocupación sobre la base empírica de la práctica de la historia, la aumentará....  Porque, como razonaba Dilthey, a .diferencia de las ciencias naturales, la experiencia en las humanidades siempre es una experiencia de sentido y de significado, y el sentido y el significado cobran vida en un contexto más amplio.

 

A pesar de todas las diferencias que Gadamer pueda tener con Dilthey, y aunque su Wahrheit und Methode -que considero una de las obras filosóficas más importantes de este siglo- sea una crítica convincente de la hermenéutica de Dilthey, aquí Gadamer sí continúa la línea de Dilthey, y su propia postura es incluso una radicalización de la de Dilthey. Gadamer aboga por una radical historización del sujeto histórico y de la experiencia histórica, lo cual en concreto significa que, desde su punto de vista, la experiencia histórica debe ser enmarcada por una llamada 'Wirkungsgeschichte',* es decir, por la historia de la interpretación de un cierto texto o una cierta parte del pasado.9 Porque, dice Gadamer, nuestra experiencia del pasado siempre se define y se basa en alto grado en el modo en que un texto o una parte del pasado ya ha sido interpretado anteriormente por otros historiadores. No se necesitará explicar en forma alguna que de esta manera no queda nada de lo directo y de la inmediatez de la experiencia histórica. El contexto tuvo la prioridad absoluta sobre lo que debía ser concebido en un contexto, esto es, la experiencia histórica. Y mientras Dilthey todavía situaba el contexto en el pasado mismo, para Gadamer éste se encuentra en una historia de su interpretación. Con esto, el pasado mismo se ha vuelto totalmente inalcanzable para la experiencia histórica.

 

imagen: Hans-Georg Gadamer

 

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17 octubre 2011 1 17 /10 /octubre /2011 04:05

 

Tanto soñé contigo que pierdes tu realidad.
¿Todavía hay tiempo para alcanzar ese cuerpo vivo y besar
sobre esa boca el nacimiento de la voz que quiero?
Tanto soñé contigo que mis brazos habituados a cruzarse sobre
mi pecho cuando abrazan tu sombra, quizá ya no podrían
adaptarse al contorno de tu cuerpo.
Y frente a la existencia real de aquello que me obsesiona y
me gobierna desde hace días y años, seguramente me
transformaré en sombra.
Oh balances sentimentales.
Tanto soñé contigo que seguramente ya no podré despertar.
Duermo de pie, con mi cuerpo que se ofrece a todas las
apariencias de la vida y del amor y tú, la única que cuenta
ahora para mí, más difícil me resultará tocar tu frente
y tus labios que los primeros labios y la primera frente
que encuentre.
Tanto soñé contigo, tanto caminé, hablé, me tendí al lado de
tu fantasma que ya no me resta sino ser fantasma entre
los fantasmas, y cien veces más sombra que la sombra que
siempre pasea alegremente por el cuadrante solar de tu vida.

 

Versión de Aldo Pellegrini

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17 octubre 2011 1 17 /10 /octubre /2011 03:46
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15 octubre 2011 6 15 /10 /octubre /2011 20:56

 

 

J' accusedel cineasta francés Abel Gance, fue filmada en dos tiempos, 1919 y 1938. Gance utilizó material de la primera película para hacer la segunda. Existe muy poca información en la red sobre esta obra maestra. En esta escena, el personaje Jean Diaz (interpretado  por el actor Victor Francen), antiguo combatiente en la Primera Guerra Mundial y enloquecido al saber que su invento (cristal metálico) sería utilizado con fines bélicos, implora a los muertos en combate de todas las naciones que detengan una nueva catástrofe mundial...(escena que recuerda el mural de Stanley Spencer La resurrección de los soldados (ver más abajo). Por cierto, los rostros desfigurados de los soldados que aparecen al final son reales (forman parte, creo yo, del primer material. En 1917, Gance se enroló finalmente en el ejército francés, dentro de los servicios cinematográficos, como condición para poder filmar en el frente de guerra.

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13 octubre 2011 4 13 /10 /octubre /2011 02:32

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Denis de Rougemont representa el polo opuesto de Spengler. Como éste último, Rougemont fue un pensador de la civilización occidental, de sus formas vitales y de su desenvolvimiento a través del tiempo. Pero a diferencia del estilo belicista y prusiano de Spengler, el autor de El Amor y Occidente contempla la historia de Europa con la mirada del hereje medieval, es decir, de los creadores de formas culturales más heterodoxas que ha conocido el Viejo Mundo. El Amor y Occidente apareció en 1939, el mismo año en el que Europa se sumergía en una pesadilla cuya fabulación parecía anticipar el libro (particularmente en la sección sobre el amor y la guerra). Y desde entonces la obra de Rougemont ha sido fuente recurrente de múltiples polémicas y no se diga de plagios, escamoteos y revisiones. Por ejemplo, el famoso seminario sobre herejías y sociedades de 1966 en Francia, en el que participaron figuras emergentes en el campo de la historia de las mentalidades, como Michel Foucault y Jacques Le Goff, ni siquiera cita el libro de Rougemont en su bibliografía, cuando a la fecha era el texto más conocido en el mundo sobre el tema. Pero, ¿cuáles son las ideas centrales del libro de Denis de Rougemont? Esta pregunta la podemos responder contestando a este otro cuestionamiento que el autor se hace: ¿Es posible definir Oriente y Occidente más allá de la geografía? Para Rougemont Oriente sería una tendencia del espíritu humano que encontró en Asia su más alta expresión y se materializó en una sabiduría, en una técnica de iluminación progresiva que busca la negación de lo diverso, la fusión total con el Uno. En otras palabras, es el lugar de una ascensión del individuo hacia la unidad en la que éste último se pierde. Occidente, por el contrario, es el lugar de la escisión original, lo que plantea que entre Dios y el hombre existe un abismo esencial. Ninguna fusión ni unión sustancial son posibles. Solo se permite una comunión a distancia (representada en el matrimonio de la iglesia y su señor). Desde el deseo sublimado del amor cortés, al que canta el trovador, hasta la muerte por la pasión amorosa del caballero armado, ese será también el camino del romanticismo occidental. En adelante seremos tributarios, inconscientemente claro está, de una serie de símbolos y costumbres cuyo origen se remonta a esa mística del amor-pasión medieval (vista en el plano figural como la lucha del día y de la noche) donde la muerte juega un papel central: es la derrota del mundo y la victoria de la vida luminosa. 

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12 octubre 2011 3 12 /10 /octubre /2011 20:27

guerracivil-esther.jpg

 

Miren como trabajan los constructores de ruinas

Ricos pacientes ordenados oscuros brutales

Se afanan para quedarse en la tierra a solas

Están a orillas de la humanidad y la cubren de basura

Pliegan a ras de suelo palacios sin cerebro

 

Se acostumbra uno a todo 

Excepto a esos pájaros de plomo

Excepto a su odio a lo que brilla

Excepto a darles el lugar

 

Hablan del cielo el cielo se vacía

Poco importa el otoño

Nuestros amos han pateado la tierra

Hemos olvidado el otoño

Y olvidaremos a nuestros amos

 

Ciudad en la bajamar hecha de una gota salvada

De un solo diamante que se cultivó a la luz del sol

Madrid ciudad habitual para los que han sufrido

El espantoso bien que se resiste a ser ejemplo

Que han sufrido

La miseria indispensable para que el bien respalndezca

 

Que la boca ascienda hasta su verdad

Extraño aliento sonrisa como cadena rota

Que libre ya de su pasado absurdo el ser humano

Alce frente a su prójimo un rostro semejante

Y entregue a la razón las alas vagabundas.

 

versión: José Emilio Pacheco



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