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1 marzo 2012 4 01 /03 /marzo /2012 17:16

Abbot-Atget.jpg

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Published by Carlos de Landa
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29 febrero 2012 3 29 /02 /febrero /2012 19:52

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Memoria de piedra, para no olvidar, para durar mil años. Los muertos en la guerra imponen su recuerdo y el escultor lo transforma en sueño. Constantin Brancusi se enfrentó a la escultura monumental como un artesano que trabaja con una técnica milenaria transmitida de generación en generación. En su estudio, Brancusi presumía con los invitados que sus esculturas podían ser vistas por cualquier lado, eran piezas redondas, no había un frente bien hecho y un lado oscuro trasero. Como escultor monumental Brancusi realizó además distintas piezas de arte funcional (columnas, vigas, arcadas, capiteles) que lo dotaron al momento de enfrentar la que fue su obra maestra de arte público: el complejo monumental del sendero de los héroes, levantado en 1938, en memoria de los soldados y pobladores rumanos caídos durante la Primera Guerra Mundial. Este ambiente escultórico está compuesto por tres piezas y otras más pequeñas organizadas a lo largo un eje, que va de este-oeste, de un kilómetro de longitud. El recorrido comienza en un parque público situado a lo largo del río Jiu donde esta situada la Mesa del Silencio, una losa de piedra circular rodeada por doce asientos circulares igualmente de piedra. Este camino lleva a la Puerta del Beso, realizada en travertino local, y, de acuerdo al crítico Javier Maderuelo, una elaboración arquitectónica de uno de los temas escultóricos más presentes en Brancusi: "toma la forma de un sencillo arco triunfal de más de cinco metros de altura por seis y medio de ancho, formado por dos macizos pilares prismáticos sobre los que descansa un entablamiento de una sola pieza. A modo de capiteles se han labrado unas figuras circulares que son la representación esquemática de los ojos unidos de los amantes, tomada de la escultura El beso, cuya primera versión se remonta a 1908." 

 

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La llamada Columna sin fin se encuentra en la parte opuesta de la ciudad de Tirgu-Jiu y cierra este tríangulo monumental. Esta pieza alcanza los 29 metros de altura y está construida en acero inoxidable con elementos modulares ensartados sobre un poste interno de acero. Representa una síntesis entre la forma obelisca y la columna Trajana, de la que su friso espiral hace elevar la vista al infinito. Con esta escultura monumental y sorprendente el escultor logró desbordar los límites tradicionales del monumento para alcanzar la dimensión de un trazado urbano que se prolonga por un territorio a lo largo de un kilómetro, que es la distancia que separa la mesa de la columna. Es, en muchos sentidos, una obra pionera en su género, síntesis de elementos arquitectónicos, paisajísticos y escultóricos. 

 

P.d: Pienso en la vivencia del joven Walter Benjamin alrededor de estos 'parques memoriales' que él consideraba völkisch y de ultraderecha, a los que oponía la representación del drama barroco, efímera y repetitiva, despertando otro tipo de memoria, diferente del recuerdo monumental y heroico. ¿Qué habría pensado Brancusi de ello?

 

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29 febrero 2012 3 29 /02 /febrero /2012 02:01

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Berenice Abbott suele ser situada a lado de Man Ray, como ella fotógrafo de la bohemia neoyorkina, radicado en París, y amigo íntimo de Abbott por muchos años, pero su mirada es muy distinta; es otro tipo de modernismo el que inspiró su fotografía, más cercano a Eugene Atget, de quien Abbott realizó un excelente retrato, y a la fotografía urbana de este maestro del paisaje francés. Se cuenta que en 1927 cuando Abbott quiso mostrar a Atget el retrato que le había hecho, éste acababa de fallecer. Con la ayuda de amigos Abbott compró la colección de negativos y fotos impresas de su maestro y se convirtió en su principal embajadora en América. En todo caso, si hemos de establecer comparaciones, Abbott está más cercana a las ideas de Jane Jacobs, la historiadora de las ciudades estadunidenses, que a otros fotógrafos modernistas de su entorno (sin menospreciar las imágenes de Alfred Stieglitz sobre Nueva York). La mirada de Abbott es constructivista, como la de Moholy-Nagy, no se centra en la figura humana ni en el instante de escándalo como Weegee, ni intenta realizar reivindicaciones sociales como Jacob Riis, su objetivo es muy distinto, es la ciudad como espacio compositivo, como materia fotográfica, como plano de saturación visual. Para Abbott la fotografía domina a la realidad, la somete a sus reglas compositivas, la convierte en obra de arte, en ars geométricalink

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25 febrero 2012 6 25 /02 /febrero /2012 23:39

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El 21 de abril de 2010 aparece en librería, bajo la pluma de Michel Onfray, una nueva andanada contra Freud: “El crepúsculo de un ídolo. La conspiración freudiana.” Publicado en Grasset y compuesto de cinco partes, la obra carece de fuentes y notas bibliográficas. Está plagada de patrañas, errores y atravesada de rumores. El autor proyecta sobre el objeto odiado sus propias obsesiones – los judíos, el sexo perverso, las conspiraciones – al punto de hacer de Freud un doble invertido de sí mismo, y del psicoanálisis la expresión de una autobiografía de su fundador, transformado en criminal conspirador. Frente a éste – alter ego, rechazado en el infierno, el autor quiere ser un liberador viniendo a salvar al pueblo francés de su creencia en un ídolo cuyo crepúsculo anuncia.
Menosprecia las obras consagradas a Freud desde hace cuarenta años, Onfray se presenta como un historiador serio, escribiendo la primer biografía no autorizada de Freud y dejando creer que sólo están disponibles hoy, las obras de Ernest Jones y de Peter Gay, la primera de entre 1953 y 1957, y la segunda de 1988. No cita ni los trabajos de los historiadores de Viena (Schorske, Johnston, Le Rider, etc...), ni los consagrados a la cuestión del judaísmo de Freud (Yerushalmi, Yovel, Derrida, Gay, etc…), ni alguno de los ensayos (de las decenas de escritos en el mundo, muchos de ellos traducidos al francés) relativos a los distintos aspectos de la vida de Freud: se conoce hoy en día cada acontecimiento de la vida de éste y de sus camaradas, discípulos y disidentes. Onfray no conoce nada de la vida de Josef Breuer, Wilhelm Fliess, Sandor Ferenczi, Otto Rank, Ernest Jones, Alfred Adler, Carl Gustav Jung, Melanie Klein, Marie Bonaparte, Lou Andreas-Salomé, Anna Freud (con respecto a la cual cita una biografía errónea que ya nadie lee). No hay una palabra sobre la discutida cuestión de la sexualidad femenina (de Helen Deutsch a Karen Horney pasando por Simone de Beauvoir, Juliet Mitchell, Judith Butler), ni sobre la historia de la fundación de la International Psychoanalytical Asociación (IPA), ni sobre la revisión de los grandes casos (a propósito de los cuales comete graves equivocaciones).
En cuanto a la obra de Freud, traducida en 60 idiomas, Onfray dice haber tenido conocimiento durante cinco meses (entre junio y diciembre de 2009) de la traducción de las obras publicadas por PUF (Prensa Universitaria Francesa), obras que hoy son las más criticadas por el conjunto de los especialistas. El no hace ninguna referencia al gran debate sobre las traducciones y no consultó ningún archivo: ni en la Library of Congress (LOc) de Washington, ni en el Freud Museum de Londres. El ignora el mundo anglófono, el de habla alemana, el latinoamericano, y conoce poco la historia del psicoanálisis en Francia.
Onfray cita la obra de Henri Ellenberger, Historia del descubrimiento del inconsciente aparecida en 1970 (en inglés) y traducida por primera vez en francés en 1974, reeditada en 1994. Destaca que se trata de la primera gran revisión de la historia oficial de Freud, lo que es inexacto puesto que olvida la obra de Ola Andersson (Freud avant Freud. La préhistoire de la psychanalyse. 1962. París: Les Empêcheurs de penser en rond 1997), previa a la de Ellenberger.
Además como él sitúa la fecha de la publicación del libro de Ellenberger en 1991, entonces, hace comenzar la historiografía seria del psicoanálisis con veinte años de retraso, destacando que aún hoy se encuentra oculta, cuando está en plena extensión y que los archivos de la LOc, después de las grandes batallas de los años noventa, están desclasificándose según las normas en vigor.
Onfray se equivoca también sobre la fecha de publicación del libro de Frank Sulloway, “Freud biólogo del espíritu”, publicado en inglés en 1978 y dos veces publicado en francés (1981 y 1998, Fayard) él cree pues que ningún trabajo no hagiográfico existe hasta ahora sobre Freud, lo que le permite presentarse como el primer autor que debe rectificar las leyendas áureas, ya invalidadas desde hace treinta años. No hace por otra parte ninguna diferencia entre historia devota, historia oficial, pensamiento irracional, historiografía basada en leyendas negras y rumores (corriente dicha “revisionista” o, en inglés, “destructor de Freud”) e historia seria.
De ahí un maniqueísmo absoluto: por una parte las “órdenes” antifreudianas, del otro, los “malos” adeptos de una conspiración. De igual manera él ignora los trabajos americanos y no conoce a Freud sino por lo que leyó en francés, Onfray se equivoca también sobre la fecha de publicación de la correspondencia no revisada de Freud con el médico berlinés Wilhelm Fliess esencial para descifrar las modalidades de la invención del psicoanálisis, las vacilaciones y divagaciones del primer Freud. La cual está disponible en inglés, alemán, portugués, español desde 1986. Se tradujo por primera vez en francés en 2006, lo que representa veinte años más tarde, lo que hace creer a Onfray que se ocultó hasta nuestros días.
No forma parte de ninguna tradición de investigación universitaria, no tiene ninguna idea de lo que es la internacionalización de la investigación en historia, Onfray descuida la realidad del trabajo historiográfico que se hace en este ámbito desde hace décadas, pero se apoya sobre lo que considera como el non plus ultra de la investigación histórica: El libro negro del psicoanálisis (Les Arènes, 2005), que reúne una cuarentena de contribuciones. Si a Freud se le trata de estafador y mentiroso, codicioso de dinero e incestuoso, por la corriente historiográfica revisionista americana, se acusa a los psicoanalistas - franceses, en particular, - de conspiraciones y distintas contaminaciones, los unos porque habrían sido desfavorables a la venta de jeringuillas para los enfermos del SIDA - rumor inventado en todas partes - y los otros porque, partidarios de Françoise Dolto, muerta en 1988, habrían favorecido después de 2000 el descenso de la autoridad a la escuela, idealizando al “niño rey”.
En cuanto a Jacques Lacan, se le compara con un gurú de secta, mientras que el conjunto de las asociaciones psicoanalíticas son ridiculizadas por haber sido la causa de un verdadero gulag freudiano: al menos diez mil muertes en Francia. Ninguna fuente viene a apoyar esta afirmación absurda.
Contrariamente a sus nuevos amigos, que triunfaron, como él mismo lo dice (Crepúsculo, p. 585), que se han convertido en la verdadera verdad - la de la conspiración de los freudianos contra la sociedad occidental -, Onfray sólo combate a Freud, dejando entender que más tarde, en otro volumen, se ocupará de sus herederos.

Para hacer mejor su reproche, la consecuencia lógica de su contra historia de los saberes oficiales, Onfray presenta a Freud como un monstruo perverso, maltratando a su padre juzgado de pederasta, habiendo abusando psíquicamente de sus tres hijas (Mathilde, Sophie y Anna), y cometiendo adulterio con su cuñada durante cuarenta años, desde 1898 a su muerte. El departamento de Viena habría sido, a su modo de ver, un burdel y Freud un abominable Edipo: sólo pensaba en acostarse realmente con su madre (incluso a una edad avanzada) luego, en suprimir de verdad a su padre (incluso después de la muerte de éste, ocurrida en 1896), y en fin, a fabricar niños incestuosos para abusarlos mejor.

Es así como durante diez años, Freud habría torturado a su hija Anna a lo largo de un análisis con forma de proceso inquisitorial que se habría desarrollado de 1918 a 1929 y durante el cual, cada día, al abrigo del secreto de su gabinete, le habría incitado a convertirse en homosexual (Le crépuscule, p. 243-245). Es exacto que Freud analizó a su hija, pero la cura ha durado cuatro años y no diez. Y cuando Anna, ha comenzado a darse cuenta de su atracción por las mujeres, Freud más bien la ha incitado a orientarse hacia el trabajo intelectual. En consecuencia, cuando vivió con Dorothy Burlingham, ella “adoptó” a los niños de ésta, demostrando tolerancia. Freud no era ni homófobo ni misógino, aunque su concepción de la sexualidad femenina es discutible y ha sido discutida numerosas ocasiones.
Poco importan los debates de las feministas y otros investigadores: Onfray afirma que el gran embaucador vienés era sólo otro estafador “ontológicamente homófobo” (El crepúsculo, p. 513-513).
La homofobia ontológica según Onfray sería muy diferente de la homofobia política. La primera consistiría en hacer de la homosexualidad una perversión y la segunda tendría por objeto “criminalizar” la homosexualidad. Esta distinción es tanto más ridícula cuanto que tiene por objeto hacer entrar a Freud en la categoría de los perversos. Ahora bien, la verdad sobre este asunto es muy diferente. Freud, al contrario de un gran número de sus discípulos, no consideraba la homosexualidad como una perversión y era favorable, políticamente, a una emancipación de los homosexuales.
Una vez más, la tesis de Onfray no tiene ningún fundamento, sino de expresar la repulsión que él mismo tiene por la homosexualidad masculina y femenina. Al hacer de Freud un dictador falócrata dueño de todas las mujeres - su madre, sus hermanas, su cuñada, sus hijas, su esposa -, él habla aún de sí mismo. ¿No es cierto, que en numerosas ocasiones, Onfray declaró, su elección del celibato y de la no paternidad, su gusto filosófico por la poligamia solar, erótica, hedonista, volcánica, pagana y anti-judeocristiana? No hay nada que decir a eso, si no que tratándose de Freud, se transforma en el inquisidor de éste, y por otra parte, pretende ser el adepto.
Onfray cede a un antiguo rumor inventado por Carl Gustav Jung (y reactualizado por los revisionistas de la escuela americana y los puritanos) según el cual, Freud habría tenido, en 1898, una relación con Minna Bernays, la hermana de su mujer Martha, en un viaje a Engadine (véase. Sigmund Freud, Notre coeur tend vers le sud. Correspondance de voyage 1895-1923, Fayard, 2005 et Le nouvel observateur, 1er février 2007), Onfray imagina que Freud habría tenido relaciones sexuales perversas con Mina a lo largo de toda su vida, en la habitación contigua a la suya y bajo la mirada cómplice de su mujer quien a menudo habría asistido a los jugueteos de los dos amantes. Peor aún, Freud habría embarazado a Minna para obligarla enseguida a abortar. Evidentemente, Onfray, está poco preocupado por las leyes de la cronología, así como de las de la procreación, ya que sitúa este acontecimiento en 1923. Cuando, en dicha fecha, Minna tenía 58 años y Freud 67.
Onfray añade que Freud habría cedido a la tentación de someterse a una operación de los canales espermáticos destinada a aumentar su potencia sexual con el fin de gozar mejor del cuerpo de Minna. Onfray escribe: “Ese año, a los sesenta y siete años de edad, Freud el científico, se hace atar los canales espermáticos con el pretexto de que esta clase de intervención rejuvenece al sujeto y reaviva las potencias sexuales defectuosas. (los que sostienen la versión hagiográfica del héroe que renuncia a la sexualidad para sublimar su libido en la producción de una obra universal, el psicoanálisis, deberán revisar su copia… En cambio, para los que sostienen que Freud tenía una vida sexual activa con tía Minna, y la hipótesis de un viaje efectuado a Italia para abortar, las cosas parecen coherentes…) Los hagiógrafos lo afirman sutilmente: esta ligadura prevenía la repetición de cáncer.” (Crépuscule, p. 246). Y en una entrevista otorgada a Livres-hebdo (9 de abril de 2010, p. 16), añade que Freud también habría mantenido “relaciones simbólicamente incestuosas con la hija de su amante. Con Freud, el burdel no está nunca muy lejos del monasterio”. ¿Pero quien es pues esta muchacha? Minna nunca tuvo hija. Uno se pregunta cómo el periodista que se entrevista con Onfray puede aceptar tales tonterías.
En la emisión de Franz-Olivier Giesbert (en la televisora France 2, del 9 de abril), Onfray incluso ha dicho delante del alegre interlocutor - confiado de reunir “revelaciones” de primera mano que Freud “había trabajado en el Institut-Göring de Berlín entre 1935 y 1938”. Cuando Freud no se movió de Viena en esta época.
En cuanto a la colaboración de los freudianos y de Jones a la política de “arianizacion” de la psicoterapia alemana orquestada por Matthias Göring, se conoce perfectamente por los historiadores que: Freud dejó hacer - y esto ya es una grave falta política - tras un largo conflicto cuyo rastro se encuentra en su correspondencia con Max Eitingon (Hachette-Literatura, 2009) que Onfray no cita puesto que no conoce el detalle de este asunto.
Onfray afirmó, por otro lado, que Freud, codicioso de dinero, estafador, falso, mentiroso cobraba en sus sesiones en Viena la suma de 450 euros, lo que dejaría entender que todos sus herederos lo habrían imitado. Para quién conoce la realidad de la práctica psicoanalítica - e incluso la de sus peores derivas -, hay que reconocer que se trata de una convicción delirante la de Onfray.
Convencido de que Minna podría ser preñada a la edad de 58 años, e ignorando la historia de la medicina, Onfray atribuye a los hagiógrafos de ocultar la verdad que se refiere a la sexualidad de Freud. La realidad es muy diferente: en 1923, Freud en efecto se sometió a una operación de ligadura llamada “operación de Steinbach”. Este endocrinólogo era uno de los primeros en haber descubierto la función de las células intersticiales que secretan las hormonas masculinas. Al atar los canales, pensaba obtener una relativa hipertrofia de las células y por lo tanto un “rejuvenecimiento” del paciente. Como se pensaba en la época que la formación del cáncer parcialmente se debía al proceso de envejecimiento, la operación de “rejuvenecimiento de Steinbach” se consideraba como un medio de prevenir la vuelta del cáncer (véase. Max Schur, La mort dans la vie de Freud, Gallimard, 1972, p. 434).
Partidario del placer solitario y solar, Onfray acusa a Freud, no solamente de embarazar a su cuñada, sino de favorecer una inmensa represión de la masturbación (Le crépuscule, p. 497-504).
El ataque es tanto más cómico por cuanto los sexólogos puritanos del Siglo XX dedicaron a Freud las peores injurias a principios de siglo por haber condenado todas las torturas que se infligían a los niños para reprimir la masturbación (manos atadas a la cama, aparatos espantosos, excisión de las muchachas, de distintas amenazas, de golpes, etc…). Obsesionado por la pederastia, Onfray no deja de hacer sus declaraciones en la prensa para denunciar a todos aquéllos que él sospecha cómplices de este crimen. Reanudando por su cuenta las acusaciones grotescas contra Daniel Cohn-Bendit, y citando una famosa petición de 1977 firmada por numerosos intelectuales franceses favorables, en la época, a una revisión de la ley sobre la sexualidad de los adolescentes (Sirinelli, Intellectuels et passions françaises, Fayard, 1990, p. 269-270), no dudó, en su blog de noviembre de 2009, de fustigar al conjunto de la intelectualidad francesa: cómplices de la pederastia, él a dicho (“Pederastia mi amor”). Y del mismo modo, condena a Roman Polanski y Frédéric Mitterrand: “La pederastia tiene buena prensa, escribe, ¡Cuando Bayrou recuerda con mucha razón que Cohn-Bendit acariciaba el sexo de los niños y se dejaba acariciar por ellos, es Bayrou el infame! (...) Cuando la petición contra la mayoría sexual reúne en 1977 la fina flor de los intelectuales de entonces (Derrida, Deleuze, Guattari, Althusser, Sartre, Beauvoir, Sollers, etc .....) pero también los que en adelante serán sarkozystas: Kouchner, Bruckner, Glucksmann (...) nadie alcanza a criticar, incluso Dolto, firmò ella también”.
Si Freud es un perverso sexual, eso significa para Onfray que su doctrina no es más que la prolongación de una perversión más grave aún en lo que se refiere a sus orígenes vergonzosos: sería, según Onfray, el producto de algo extraño al cuerpo normal y sano del hombre, algo impuro vinculado a estigmas precisos. Sería pues el revés de la doctrina profesada por este dios solar y volcánico, fuente de vida y antítesis absoluta del judeo-cristianismo creador de la guerra, destrucción y de la pulsión de muerte. Onfray a hecho entonces del psicoanálisis el “producto de una cultura decadente de fin de siglo que ha proliferado como una planta venenosa” (Le crépuscule, p. 566-567). Reanuda así por su cuenta el gran tema de la extrema derecha francesa que, desde León Daudet, siempre ha comparado al psicoanálisis a una ciencia extranjera (“alemana” o “judía”), viniendo a agarrarse como un parásito sobre el cuerpo del Estado-nación, una ciencia mortífera, concebida por un cerebro degenerado y nacida en una ciudad depravada (Viena) en el centro de un Imperio en plena delincuencia.
No causará asombro de ver surgir bajo su pluma, no una crítica del psicoanálisis a la manera de Theodor Adorno, de Herbert Marcuse, de las feministas o de los culturalistas americanos, o también de Gilles Deleuze o de Michel Foucault, sino una acusación similar a la de los adeptos del neopaganismo anti-judeocristiano. Ya que es en esta veta en la que se sitúa el autor del « Crepúsculo de un ídolo » cuando, regresando a la acusación de “ciencia judía” pronunciada por los nazis contra el psicoanálisis, hace de ésta una ciencia fascista (Crepúsculo, p. 566 y sq.) y de su fundador una clase de dictador hitlériano adepto a la desigualdad de razas (p.533).
El razonamiento es simple: acusando a Freud de haber teorizado el concepto de pulsión de muerte y de inscribirlo en el centro de la historia humana, Onfray viene a afirmar que puesto que los nazis llevaron a cabo la más cruel realización de esta pulsión, eso significa que Freud sería el precursor de esta crueldad y también un representante de las anti-Luces, animado por el “odio de sí, judío” (Crepúsculo, p. 228 y 476). Pero habría hecho aún algo peor: al publicar, en 1939, El hombre Moisés y la religión monoteísta, es decir, al hacer de Moisés un Egipcio y del asesinato del padre uno de los principios de la llegada de las sociedades humanas, haría del asesinato del padre la Ley judaica, favoreciendo así la exterminación de su propio pueblo por los nazis (Crepúsculo, p. 226-227). El sería entonces, de nuevo por anticipación, un perseguidor de Judíos, quien, al no poder reconocerse nacionalsocialista porque es judío, habría transferido su entusiasmo hacia Hitler en una admiración hacia Mussolini, hasta el punto de imitarlos en Psicología de las masas y análisis del yo, obra publicada en 1921 y que no trata de este tema: “Evidentemente, Freud, como Judío, no puede salvar nada del nacionalsocialismo. En cambio, el cesarismo autoritario de Mussolini y el austro-fascismo de Dollfuss ilustran a maravilla las tesis de Psicología de masas y análisis del yo.” Y Onfray pretende aportar la prueba de lo que avanza utilizando una anécdota conocida de todos los historiadores.
En 1933, Eduardo Weiss, discípulo italiano de Freud, presenta a éste, en Viena, una paciente a quien tiene en tratamiento. El padre de ésta, Gioacchino Forzano, autor de comedias y amigo de Mussolini, acompaña a su hija. Al término de la consulta, pide a Freud dedicar uno de sus libros para el Duce. Por respeto a Weiss, que será obligado después a la emigración, Freud acepta y elige su libro Por qué la guerra? escrito en colaboración con Einstein (1932- 33): “A Benito Mussolini, con un saludo respetuoso de un viejo hombre que reconoce en la persona del dirigente a un héroe de la cultura.” En consecuencia, Weiss pedirá a Jones silenciar este acontecimiento, pero éste se negará, llegando incluso hasta acusar a Weiss de complicidad con Mussolini.
Sin conocer los detalles de este asunto, con respecto al cual se equivoca superlativamente, Onfray concluye que Freud es un fascista (Crepúsculo, p. 524-532) y que ¿ Por qué la guerra? , escrito en colaboración con Einstein, es una apología del crimen.
Cuando se sabe que Freud fue un pensador de las Luces y nunca un adepto de las anti-luces, que destacó que el asesinato del padre era el acto fundador de las sociedades humanas a condición, no obstante, de que el asesinato fuera sancionado por la Ley (al estilo de las tragedias griegas) y que era el admirador tanto de Cromwell (el regicidio) como de la monarquía constitucional inglesa (capaz de sancionar el regicidio), uno se pregunta cómo Onfray puede apoyar tales extravagancias.
Si el psicoanálisis es, como lo afirma, una ciencia nazi y fascista, eso significa que es incompatible con la democracia. ¿Pero por qué entonces sólo se desarrolló en los países donde se había instaurado un Estado de Derecho? ¿Por qué como tal, siempre ha sido rechazado por los regímenes totalitarios o teocráticos, incluso cuando sus expertos colaboraban con tales regímenes? Onfray no se plantea la cuestión y se limita a afirmar que si tuvo éxito, es porque Freud organizó “milicias” para defenderlo, transformándolo así en una religión fanática que favorecía la guerra y las carnicerías de guerras, prefigurando Auschwitz, Hiroshima y las guerras coloniales. En consecuencia, él debería su supervivencia al hecho de que fijara una adecuación entre verdugo y víctima.
Rechazando el principio mismo de la historia de las ciencias según el cual ninguna norma debe ser esencializada con relación a una patología - puesto que los fenómenos patológicos son siempre variaciones cuantitativas de los fenómenos normales -, Onfray prorroga una visión maniqueísta de la relación entre lo normal y lo patológico. La piensa según el eje del bien y el mal: por una parte el paraíso de la norma (los adeptos del dios solar, pacifistas y hedonistas), del otro, el infierno de la patología (los locos, los
cabrones, los perversos, los monstruos, los cristianos, los Judíos, los nazis, los musulmanes). Al grado de venir a afirmar que el psicoanálisis no es capaz - no más que Freud mismo - de distinguir el verdugo de la víctima, puesto que, para aquél, “todo se vale”: el enfermo y el hombre normal, el loco y el psiquiatra, el pederasta y el buen padre, etc… Y, con respecto a la exterminación de las cuatro hermanas de Freud por los nazis, concluye “que no se puede comprender el problema de la “Solución final” que atrapa a la familia Freud. ¿Cómo comprehender, dice, lo que distingue psíquicamente a Adolfine, muerta de hambre en Theresienstadt, y sus otras tres hermanas desaparecidas en los hornos crematorios en 1942 en Auschwitz y Rudolf Höss, puesto que nada las distingue psíquicamente si no por algunos grados apenas visibles y contando tan poco para Freud que nunca ha teorizado esta divergencia minúscula, sin embargo tan esencial? “(Crepúsculo, p. 566).
Tomemos en cuenta que Onfray se equivoca de campo de concentración: se exterminó a Rosa en Treblinka y a Mitzi y a Paula en Maly Trostinec. Si la “Solución final” atrapó bien a la familia Freud, no es ciertamente en este frente a frente sin “distinción psíquica” imaginado por Onfray, entre el Comandante del campo de Auschwitz (Höss) y las cuatro hermanas del fundador del psicoanálisis, por lo que Freud es acusado de haber eliminado, por anticipado, toda diferencia entre el exterminador y sus víctimas.
“Que el odio sea la otra cara del amor (ha escrito Onfray hablando de Freud), que se me permita dudar, en primer lugar porque no hay en mí odio al psicoanálisis (...)” y añade: ¡“Todo odio de una víctima judía para su verdugo nazi me parece, lejos de significar en ella otro nombre del amor! Es necesario terminar con esta clase de pseudo argumento freudiano que nada lo es en alguna de las modalidades del conjunto, que el blanco es una de las modalidades del negro, que la crítica (abierta) de Freud es una de las modalidades (inconsciente) del amor de Freud.” (Leer, marzo de 2010, p.35)
Onfray, llevado por la denegación de su odio, no deja de asignar al fundador del psicoanálisis sus propias obsesiones. Es Onfray y no Freud quien se permite afirmar que el odio de una víctima judía para su verdugo nazi es el otro nombre del amor. Y es de su imaginación que salió la situación macabra de este frente a frente entre Rudolf Höss y las cuatro hermanas de Freud.
Puesto que el psicoanálisis no es más que el otro nombre de una ciencia fascista inventada por un Judío rencoroso y perverso, se comprende que Onfray de rienda suelta, al final de su obra, a una rehabilitación sistemática de las tesis paganas de la extrema derecha francesa con las cuales mantiene una fuerte relación de complicidad.
Así hecho el elogio de La scolastique freudienne (Fayard, 1972), obra de Pierre Debray-Ritzen, pediatra y fundador de la Nueva derecha, que no ha dejado nunca de fustigar tanto al divorcio como al aborto más que la religión judeo-cristiana, hostil según él, a la aparición de una verdadera ciencia materialista. De ahí su pretensión de un ateísmo furioso basado en el culto del paganismo:
“Al final de su vida, escribe Onfray, este tío de Regis Debray que no puede pero (sic) animaba una emisión sobre Radio Courtoisie, uno de los medios de comunicación claramente a la derecha de la derecha (...) cómo oír la exactitud de buenos argumentos críticos en un mundo donde la parte fundamental de la clase intelectual comulgue menos dentro de la izquierda que con su catecismo?”
No contento de considerarse en la izquierda francesa, de la que pretende formar parte , Onfray elogia los méritos de otra obra, salida de la misma tradición, Mensonges freudiens. Histoire d’une désinformation séculaire, publicada en Belgique par Jacques Bénesteau (Mardaga, 2002 (Mentiras freudianas. Historia de una desinformación secular), introducida por un próximo del Frente nacional, sostenido por el « Club del Reloj » y en donde se puede leer (p.190-191) que no existía antisemitismo en Viena durante el período de entreguerras puesto que en esta época, numerosos Judíos ocupaban puestos importantes en todas las esferas de la sociedad civil: “En su obra, escribe Onfray, Bénesteau critica el uso que Freud hace del antisemitismo para explicar su divergencia por sus congéneres, y su ausencia de reconocimiento por la universidad, la lentitud de su éxito. Como hecho de demostración, explica que en Viena en esta época muchos Judíos ocupan puestos importantes en la justicia, la política, la edición, lo que le valdría a Bénesteau estar en el campo “del antisemitismo encubierto” como señala Elisabeth Roudinesco («Le club de l’horloge et la psychanalyse : chronique d’un antisémitisme masqué», Les temps modernes, 627, avril-mai-juin 2004) - encubierto, es decir invisible aunque presente y real (...) ahora bien, la lectura de este gran libro no contiene ninguna observación antisemita (sic), no se encuentra en él ninguna posición que señale la preferencia política de su autor.” (Crepúsculo, p. 596).
Al término de su furiosa acusación, Michel Onfray suscribe la tesis según la cual Freud (homófobo, misógino, partidario del fascismo, responsable por anticipado de la exterminación de sus hermanas, adepto de una sexualidad malsana y de una concepción pervertida de las relaciones entre la norma y la patología), habría inventado persecuciones antisemitas que no existían en ninguna lugar en Viena, manera de verse por todas partes y en cualquier circunstancia, como dentro de la más pura tradición de la ideología complotista francesa (de Agustino Barruel a Edouard Drumont) – la mano, el ojo y la nariz de Freud.
¿A la lectura de tal obra, lo que está en juego supera de sobra el debate clásico entre adeptos y opositores al psicoanálisis, se tiene el derecho de preguntarse si las consideraciones comerciales que condujeron a esta publicación no son desde ahora, de tal peso que podrían suprimir todo juicio crítico y todo sentido de responsabilidad? La cuestión en todo caso merece ser planteada y el debate está abierto.
 
 
 (Traduccion de Susana Rodriguez Marquez).
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25 febrero 2012 6 25 /02 /febrero /2012 21:26

44_Licht-Raum-Mod-Laszlo-Moholy-Nagy-Light-Space-Modulato.jpg

 

 

Para mí fue el gran artista del siglo XX, el gran explorador de formas y materiales, el desmitificador del arte, el padre del diseño industrial y un genio como diseñador gráfico. Pero, para el propósito de mi investigación, fue además un gran teórico del arte y sus posiblidades emancipatorias. Moholy-Nagy fue quien acuñó el término Nueva Visión, y fue también él primero que vio como una revolución la nueva forma de ver y diseñar del constructivismo. Para Moholy-Nagy una creación espacial era "un entrelazamiento de partes del espacio que se sujetan por relaciones invisibles, pero claramente verificables, y por el juego fluctuante de fuerzas", es decir la materia se convertía en un campo de fuerzas y dejaba de ser 'cosa'. El observador de la nueva visión ya no percibe instantes estáticos de la realidad sino que se abre a un devenir de fuerzas y materiales cambiantes, fusionables, mutantes. Para alcanzar este objetivo, señalaba Moholy-Nagy, "era necesario mantener incólume en los adultos la sinceridad emocional del niño, la exactitud de su observación, su fantasía y su creatividad". Estos fines explican que la Bauhaus no utilizara un sistema rígido de enseñanza, sino que se abriera a la experimentación y a la búsqueda intensiva. La Nueva Visión fue el libro de texto con el que abría el curso preliminar en la Bauhaus, con el tiempo se convirtió en la biblia de los diseñadores de todo el mundo, dado el prestigio adquirido por esta escuela de diseño y arquitectura a fines de los años veinte. Fue hasta la edición norteamericana que el libro tomó su nombre actual (si título original era Von material zu architektur y apareció en 1923) y que su autor adquirió fama internacional. Como fuese, Moholy-Nagy revolucionó la Bauhaus, la hizo pasar de una etapa expresionista ya caduca a una constructivista en pleno auge en la Unión Soviética, lo que le permitió establecer relaciones con su contraparte en aquella nación, la Vkhutemaslink donde enseñaba Ródchenko.

 

p.d: ya habrá tiempo para reseñar el libro Experiment in Totality, que su esposa Sibil Moholy-Nagy escribió en homenaje a su esposo fallecido en 1946.

 

imagen: Light-Prop, máquina para efectos luminosos que fueron filmados en la película abstracta Negro-Blanco-Gris. 1922-1930

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25 febrero 2012 6 25 /02 /febrero /2012 01:12
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24 febrero 2012 5 24 /02 /febrero /2012 18:54

joseph-nedham-1965.jpg

 

En la primera parte de esta entrega se mencionó muy brevemente el programa historiográfico de Joseph Needham. Aprovechando los ensayos publicados en su honor en el volumen Chinese Science, de Nakayama y Savin (MIT Press, 1973) presento aquí algunos de los aspectos más importantes de su pensamiento. Joseph Needham nació en 1900. Pertenece, por ello, a una generación que estaba demasiado joven para ir a la guerra; la suya es la primera generación de la posguerra y aquella en la que los cambios generacionales de un siglo a otro serían más profundos. Dado el éxito que el marxismo tuvo en la década de los treintas y cuarentas en Inglaterra, Needham estuvo teóricamente cerca de aquel grupo de historiadores (Maurice Dobb, Eric Hosbawm, E. T. Thompson, Arthur Leslie Morton y Christopher Hill) conocido como la escuela marxista de Inglaterra. Dicho grupo generó una metodología y un acercamiento a la historia social (la llamada historia desde abajo) que estudiosos como Needham y Bernal implementaron en en el ámbito de la historia de la ciencias.

Pero un acontecimiento anterior marcó la carrera de Joseph Needham como historiador de las ciencias. Me refiero al congreso de historia de la ciencia de 1931, en la ciudad de Londres, en el que Needham fue un participante activo. Influidos por las tesis de una 'teoría científica enraizada en la sociedad' que la delegación rusa presentó en una de las sesiones de dicho congreso, muchos científicos ingleses -como sus colegas J. B. Haldane y Lancelot Hogben-  extendieron su interés de la química y la biología a los problemas sociales.

Como biólogo, Joseph Needham pasó de ser un defensor del neo-vitalismo a las propuestas metafísicas organisistas de Alfred N. Whitehead, en las que el autor de Ciencia y civilización en China vio una síntesis de mecanisismo y vitalismo.

En cuanto a la interpretación de la ciencia China hay tres aspectos que Needham destaca: 1- la contribución taoista a la ciencia; 2- la ciencia organisista china contrastada con la ciencia mecanisista occidental; 3- las relaciones de las leyes de la naturaleza y una ley natural.

Señala Needham que el aprendizaje en China es polar. Son antípodas el pensamiento confuciano 'masculino', de la clase gobernante, y el pensamiento taoista 'femenino', de los gobernados. Los estudios y la enseñanza de la élite sobre la irrigación,  la administración y la astronomía calendárica se oponen a las técnicas populares de la química, la farmacología, la botánica y la minerología. El taoismo, en este sentido, es antiortodoxo. Sobra decir que como biólogo y como hombre de izquierda Needham estaba identificado con esta última corriente. La ciencia no habría florecido bajo el feudalismo confuciano; solamente en una tradición distinta (el llamado período de las cien escuelas de filosofía) fue que ocurrió dicho avance. A esta evolución de la ciencia Needham la vio como un 'desarrollo dialéctico'.

En este mismo orden de ideas, Needham se preguntaba, al comparar la evolución de la ciencia en Oriente y Occidente, ¿por qué teniendo todos los ingredientes científicos y tecnológicos en China no ocurrió una revolución científica como en Europa alrededor de 1600? ¿Por qué China perdió su lugar preponderante en la ciencia y su civilización se estancó justamente cuando la de Europa comenzó a despuntar? en 1944, en su ensayo titulado Sobre ciencia y cambio social ya se planteaba dichas incógnitas y daba una respuesta influida por el joven Wittfogel: el desarrollo de una burguesía no era  posible dentro de una sociedad burocrática confuciana. Pero hasta el final de su vida Joseph Needham no dejó de ofrecer respuestas alternativas a la incógnita china, así como redescubir antiguas aportaciones a la ciencia que la China clásica realizó hace más de dos mil años.

El tercer y final aspecto de su pensamiento consisitió en rescatar el diálogo de civilizaciones en los encuentros que China tuvo con Occidente: Leibniz, los jesuitas, las academias de ciencias, los intercambios de ideas y conocimientos médicos y farmacológicos; así como la apropiación de la ciencia occidental en Asia. Para Joseph Needham lo que llamamos ciencia moderna es una síntesis de estos encuentros.

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24 febrero 2012 5 24 /02 /febrero /2012 02:10

johncage

 

CREO QUE EL USO DEL RUIDO

 

Donde quiera que estemos, lo que oímos es ruido. Cuando lo ignoramos, nos incomoda. Cuando lo escuchamos, descubrimos que es fascinante. El sonido de un camión a 90 kilómetros por hora. Los ruidos parásitos entre una emisora de radio y otra. La lluvia. Nosotros queremos capturar y controlar estos sonidos, utilizarlos, no como efectos sonoros, sino como instrumentos musicales. Todo estudio cinematográfico tiene una biblioteca de 'efectos sonoros" registrados sobre película. Con un fonógrafo fílmico es posible ya controlar la amplitud y frecuencia de cualquiera de esos sonidos y darles ritmos que estén dentro o más allá de lo imaginable. Con cuatro fonógrafos fílmicos podemos componer e interpretar un cuarteto para motor de explosión, viento, latidos cardiácos y derrumbamientos de tierra.

 

PARA HACER MÚSICA

 

 

Si esta palabra, música, es sacralizada y reservada para los instrumentos de los siglos XVII y XIX, podemos substituirla por un término más significativo: Organización de Sonido.

 

 

Va a continuar e incrementarse hasta que lleguemos a una  música producida a través de la ayuda de instrumentos eléctrico
 

 

La mayoría de los inventores de instrumentos musicales eléctricos intentaron imitar a los instrumentos de los siglos XVIII y XIX, de la misma manera que los diseñadores de automóviles emularon los carruajes. El Novachord y el Solovox son ejemplos de este deseo de imitar el pasado en vez de construir el futuro. Cuando Theremin construyó un instrumento con nuevas posibilidades, los Thereministas se esforzaron por hacerlo sonar como un instrumento viejo, dándole un vibrato empalagosamente enfermizo y ejecutando en él, con dificultad, obras maestras del pasado. Aunque el instrumento es capaz de generar una amplia variedad de cualidades sonoras, obtenidas por el mero movimiento del dial, los Thereministas actúan como censores, dándole al público el sonido que ellos piensan que les va a gustar. Estamos resguardados de las nuevas experiencias sonoras posibles.La propiedad particular de los instrumentos eléctricos será permitir un control completo de la estructura de sobretonos y permitir producir estas estructuras en cualquier frecuencia, amplitud y duración.

 

Que harán disponibles, para propósitos musicales, todos los sonidos que pueden ser escuchados. Los métodos fotoeléctricos, magnéticos y mecánicos para la producción sintética de música
 

Ahora es posible que los compositores ejecuten su música directamente, sin la asistencia de intérpretes intermediarios.  Cualquier diseño repetido en una frecuencia adecuada en una pista sonora es audible. 280 revoluciones por segundo en una pista sonora producirán un sonido, mientras que un momento de Beethoven repetido 50 veces por segundo producirá, no solamente un tono diferente, sino otra una cualidad sonora.

 

Serán explorados. Mientras que en el pasado el punto de desacuerdo fue entre disonancia y consonancia, será, en el futuro inmediato, entre el ruido y los así llamados sonidos musicales. Los actuales métodos para escribir música, principalmente aquellos que emplean y su referencia a escalones particulares en el campo del sonido, serán inadecuados para el compositor que se enfrentará a la totalidad del campo sonoro.
 

El compositor (Organizador de Sonido) no sólo se enfrentará a la totalidad del campo sonoro sino a la totalidad del campo temporal. La fracción de segundo (frame), siguiendo técnicas cinematográficas establecidas, será probablemente la unidad básica en la medición del tiempo. Ningún ritmo estará más allá del alcance del compositor.

 

Nuevos métodos serán descubiertos, orientándose hacia una relación categórica con el sistema de dodecafónico de Schöenberg
 

El método de Schöenberg asigna a cada material, en un grupo de materiales equivalentes, su función con respecto al grupo. (La Armonía, asignaba a cada material, en un grupo de materiales no-equivalentes, su función con respecto al material fundamental o más importante del grupo). El método de Schöenberg es análogo a la sociedad moderna, donde el énfasis está puesto en el grupo y en la integración del individuo al grupo.

 

Y con los métodos actuales de escritura de música para percusión
 

La música para percusión es una transición contemporánea desde la música influenciada por el teclado hacia la música de la totalidad sonora del futuro. Cualquier sonido es aceptable para el compositor de música para percusión; el explora el académicamente prohibido campo 'no musical' del sonido hasta donde es manualmente posible.

Los métodos de escritura de música para percusión tienen como meta la estructura rítmica de la composición. Tan pronto como estos métodos sean cristalizados en uno o varios métodos ampliamente utilizados, existirá la posibilidad de que existan improvisaciones grupales de música no escrita pero culturalmente significativa. Esto ya ha tenido lugar en las culturas orientales y en el hot-jazz.

 

Y cualquier otro método que esté libre del concepto de tono fundamental. El principio de la forma será nuestra única conexión constante con el pasado. Aunque la gran forma del futuro no será, como lo fue en el pasado, en un momento la fuga y en otro la sonata, estará relacionada a éstas como éstas lo están entre sí
 

Antes de que esto pase, centros de música experimental deben ser establecidos. En estos centros, los nuevos materiales, osciladores, generadores, medios para amplificar pequeños sonidos y fonógrafos de celuloide estarán disponibles para el uso. Los compositores usarán medios del siglo XX para componer música. Y ejecutarán los resultados. La Organización de Sonido será empleada con fines musicales y extra-musicales (teatro, danza, cine).

 

A través del principio de la organización, es decir, la habitual habilidad del ser humano para pensar.

 

 

Quizás sea éste el texto escrito por Cage de mayor influencia. Lo leyó por primera vez en una conferencia pronunciada en 1937, en Seattle, pero no se publicó hasta 1958, en el folleto que acompaña al disco de George Avakian "25-Year Retrospective Concert of the Music of John cage". Un mínimo homenaje a su genio creador a 20 años de su partida.


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23 febrero 2012 4 23 /02 /febrero /2012 20:49

volcano-of-popocatepetl-mexico-1964.jpg

 

Si el tema de Malcolm Lowry es el de la expulsión del paraíso, el de la novela de Juan Rulfo (Pedro Páramo) es el del regreso. Por eso el héroe es un muerto: solo después de morir podemos volver al edén nativo. Pero el personaje de Rulfo regresa a un jardín calcinado, a un paisaje lunar, al verdadero infierno. El tema del regreso se convierte en el de la condenación; el viaje a la casa patriarcal de Pedro Páramo es una nueva visión de la peregrinación del alma en pena. Simbolismo -¿inconsciente?- del título: Pedro, el fundador, la piedra, el origen, el padre, guardián y señor del paraíso, ha muerto; Páramo es su antiguo jardín, hoy llano seco, sed y sequía, cuchicheo de sombras y eterna incomunicación. El jardín del Señor: el páramo de Pedro. Juan Rulfo es el único novelista mexicano que nos ha dado una imagen -no una descripción- de nuestro paisaje. Como en el caso de Lawrence y Lowry, no nos ha entregado un documento fotográfico o una pintura impresionista sino que sus intuiciones y obsesiones personales han encarnado en la piedra, el polvo, el pirúl. Su visión de este mundo es, en realidad, visión de otro mundo. (Corriente Alterna, 1967) 

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23 febrero 2012 4 23 /02 /febrero /2012 02:22
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