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2 octubre 2012 2 02 /10 /octubre /2012 23:11

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Lloyd de Mause es el fundador del Instituto de Psicohistoria, con sede en la ciudad de Nueva York y con ramas en varios países, entre ellos México. Es además el editor del Journal of Psychohistory y presidente de la asociación internacional de Psicohistoria. Es autor de varios libros sobre el tema, entre ellos The Origins of War and Child Abuse, y editor de la célebre Historia de la Infancia. La psicohistoria es el estudio psicoanalítico del pasado, de las motivaciones históricas. Combina aportaciones de la psicoterapia con la metodología de investigación de las ciencias sociales para comprender el origen emocional de la conducta social y política de las personas, los grupos y las naciones en el pasado y el presente. La psicohistoria, apunta Rudolph Binion, explica la historia por medio de los móviles humanos y explica los móviles humanos mediante la historia. Esta definición de Binion puede bien aplicarse al estudio de Lloyd de Mause sobre el abuso infantil y las causas de la guerra. Para este psicohistoriador "La historia de la infancia es una pesadilla de la que hemos empezado a despertar hace muy poco. Cuanto más se retrocede en el pasado, más bajo es el nivel de la puericultura y más expuestos están los niños a la muerte violenta, el abandono, los golpes, el terror y los abusos sexuales." Y agrega "Si los historiadores no han reparado hasta ahora en estos hechos es porque durante mucho tiempo se ha considerado que la historia seria debía estudiar los acontecimientos públicos, no privados. Los historiadores se han centrado tanto en el ruidoso escenario de la historia, con sus fantásticos castillos y sus grandes batallas, que por lo general no han prestado atención a lo que sucedía en los hogares y en el patio de recreo. Y mientras los historiadores suelen buscar en las batallas de ayer las causas de las de hoy, nosotros en cambio nos preguntamos cómo crea cada generación de padres e hijos los problemas que después se plantean en la vida pública."

La Historia de la Infancia, obra colectiva dirigida por de Mause es un buen ejemplo de lo que el historiador afirma. Para de Mause "Los historiadores atribuyen a la escasez de fuentes la falta de estudios serios sobre la infancia. Peter Laslett se pregunta por qué las “masas y masas de niños pequeños están extrañamente ausentes de los testimonios escritos... Hay algo misterioso en el silencio de esas multitudes de niños en brazos, de niños que empiezan a andar y de adolescentes en los relatos que los hombres escribían en la época sobre su propia experiencia... No podemos saber si los padres ayudaban a cuidar a los niños... Nada se sabe aún de lo que los psicólogos llaman control de esfínteres... En realidad, hay que hacer un esfuerzo mental para recordar continuamente que los niños estaban siempre presentes en gran número en el mundo tradicional; casi la mitad de la comunidad viviendo en una situación de semisupresión”. Como señala James Bossard, sociólogo de la familia: “Por desgracia, la historia de la infancia no se ha escrito nunca, y es dudoso que se pueda escribir algún día, debido a la escasez de datos históricos acerca de la infancia”.

En una comunicación presentada en 1968 a la Association for Applied Psychoanalysis (Asociación de Psicoanálisis Aplicado) de Mause esbozó una teoría evolutiva del cambio histórico en las relaciones paternofiliales y propuso que, puesto que los historiadores no habían abordado todavía la tarea de escribir la historia de la infancia, la Asociación patrocinara la labor de un grupo de historiadores que estudiara las fuentes para descubrir las principales etapas de la crianza de los niños en Occidente desde la Antigüedad. La Historia de la Infancia es el resultado de ese proyecto:

 

 

Pequeña introducción a la no existencia de una historia de la infancia como tal.

 

Las relaciones paterno filiales marcadas por dos puntos de vista: Reacción proyectiva, reacción de inversión y reacción empática.

 

Explica los comportamientos paterno filiales asignándoles una época histórica:

 

Abandono: Desde el siglo IV−XVIII. Las relaciones que prevalecen en estos siglos son el abandono, infanticidio, intrusión. Trata temas como la lactancia por la balia, la empañadura, la costumbre de enviar a los niños con otras familias para que sirviesen de pajes, criados, clérigos...etc. Aparición de la figura del ama de cría y los problemas de muchas mujeres que se sostenían de esta manera matando sus hijos propios y cuidando los ajenos.

 

Ambivalencia: Desde XIV−XVII. El niño es considerado un rebelde al que hay que enderezar acudiendo a todo tipo de castigos, tanto físicos como psíquicos. El castigo era casi siempre de tipo corporal y cuando se intentó limitar se empezó a encerrar a los niños en cuartos oscuros...

 

Intrusión: XVIII. Se tiene un especial interés en el niño para modificar su Psicología. Se le considera un adulto incompleto y se le maltrata psicológicamente sometiéndolo a dura disciplina. Los abusos sexuales y el maltrato físico habían hecho mucha mella pero se comenzó con el psíquico. Aparición de relatos sobre pesadillas, alucinaciones, obsesiones provocadas por la presión a la que eran sometidos.

 

Socialización: Desde s.XIX hasta mediados del XX. Con la llegada de las guerras y la revolución industrial el niño es considerado mano de obra barata. Se trata como un bien que se puede explotar.

 

Ayuda: Mediados del XX. El niño sabe mejor que el padre lo que necesita en cada etapa de la vida.

 

 

                   mary-ellen-mark-burning-ghat-benares-india-1989.jpg

 

imagen: Mary Ellen Mark

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1 octubre 2012 1 01 /10 /octubre /2012 03:08

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1 octubre 2012 1 01 /10 /octubre /2012 01:39
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1 octubre 2012 1 01 /10 /octubre /2012 00:57
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30 septiembre 2012 7 30 /09 /septiembre /2012 18:27

children

 

Decía Jules Henry, en La Cultura contra el Hombre, que en la sociedad moderna la producción de niños se convirtió en una empresa privada: 'todo el mundo se lanza al negocio de los bebés tan pronto se casa. Produce sus propios bebés; son suyos; solo él tiene derecho a decir la última palabra en su crianza; no se le pueden quitar sin proceso judicial; solo a él le corresponde la responsabilidad de su mantenimiento y protección. Tiene derecho a ampliar su producción de bebés indefinidamente y de reducirla cuando lo desee. Mientras cuide a sus hijos pequeños, el mundo exterior no tiene derecho a pisar su umbral, a decir ni sí ni no acerca de lo que le haga a sus hijos. En  la soledad de la propia casa, al abrigo de las miradas críticas puede uno ser todo lo irracional que quiera con sus hijos, mientras un daño grave no atraiga la atención de la policía. Lo anterior forma parte del capítulo titulado Los caminos de la locura, y fue redactado hacia 1959, mientras Henry observaba el comportamiento, ya no de niños autistas, sino de padres de niños psicóticos interactuando con los hijos normalesEn otras palabras, tenemos hijos psicóticos producto de padres detonadores de psicosis. La obra de Henry es contemporánea de la de Margaret Mahler: Simbiosis Humana. Incluso ambas estudian casos dentro de una región común: el estado de Nueva York. Al confrontar la obra de Henry con las de Bettelheim y Mahler encontramos una conclusión semejante acerca de la violencia paterna como detonador de la psicosis infantil. A conclusiones similares llegan el psicohistoriador Lloyd de Mause en su Historia de la Infancia, y el psicoanalista Morton Schatzman en su libro El asesinato del alma: La persecución del niño en la sociedad autoritaria, sobre la personalidad psicótica de Schreber. Habría que agregar que en aquella época (años cincuenta del siglo pasado) daban inicio los estudios sobre neuroquímica de los trastornos de la personalidad, así como los de la genética de la esquizofrenia, lo cual nos regresa a la confrontación (“nature versus nurture” ) que sacudió la labor terapeútica de Bruno Bettelheim. 

También para Mahler la relación simbiótica madre-hijo es crucial en la formación de la personalidad psicótica. Para muchas madres en nuestra cultura no es fácil abandonar su conducta posesiva simbiótica, en lugar de darle apoyo al niño en un nivel verbal y emocional más alto, lo cual genera ( combinado con el fracaso continuado de la madre de proteger al bebé) retraso en el desarrollo del niño. Por lo tanto los siguientes dieciocho meses de vida son un periodo de vulnerabilidad. Es el tiempo en el que la autoestima del niño puede desinflarse abruptamente. La identidad del niño puede mostrar, como en un espejo distorsionado, las actitudes maternales no integradas de la madre, los rasgos esquizoides de su personalidad. La individuación defectuosa del niño representa para Mahler el trastorno central de la psicosis humana. Al infante psicótico parece faltarle o fracasa en la adquisición, en la más temprana edad, de la capacidad de percibir, lo cual genera la subsecuente incapacidad para internalizar la representación del objeto materno para su polarización. Sin esto no ocurre la diferenciación del ser, de la fusión y confusión simbióticas con el objeto parcial.

La historia de la infancia de Lloyd de Mause y Schatzman, entre otros, relaciona acertadamente el maltrato infantil con la psicosis, pero dicha psicohistoria (al igual que la antropología psicológica de Jules Henry) no alcanza a percibir el contexto más amplio y temprano donde las relaciones de afecto madre-hijo son cruciales, como lo muestra Margaret Mahler. Con todo, una historia de la infancia en el siglo XX debría abarcar asimismo este cambio epistemológico aportado por el psicoanálisis infantil a la comprensión del fenómeno de la psicosis y de la infancia en general, además claro de la historia de las instituciones que participaron en dicho cambio. El siglo XX fue también el siglo del descubrimiento del niño, de su personalidad, desarrollo, creatividad, etc. Otros nombres como Melanie Klein, Erik Erikson, Donald Winnicott, Jean Piaget, están asociados a ese descubrimiento fundamental, y de ellos comento en las siguientes entregas.

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29 septiembre 2012 6 29 /09 /septiembre /2012 18:59

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'Infancia es destino' decía Erik Erikson, y las vicisitudes ocurridas durante los primeros años de vida marcarán el resto de nuestra existencia, precisamente porque los procesos de individuación son irreversibles. La obra de Margaret Mahler: Simbiosis Humana: las vicisitudes de la individuación, si bien es un texto ya clásico sobre el tema de la psicosis infantil, y en este sentido complementa las investigaciones de Bettelheim sobre el autismo, es asimismo un ensayo fundamental sobre las fases del desarrollo de la personalidad normal en los primeros años de vida. El libro escrito en colaboración con Manuel Furer, es en realidad una síntesis de todos los conocimientos adquiridos por Mahler, a lo largo de años de observación y tratamiento, sobre el tema de las personalidades autista y simbiótica, así como sobre los procesos subsecuentes de separación-individuación del infante. Mahler distinguió una fase autista normal del recién nacido, donde el infante parece estar en un estado de desorientación alucinatoria primitiva en la cual 'la satisfacción de la necesidad pertenece a su propia órbita omnipotente, autista. A partir del segundo mes, el conocimiento confuso del objeto satisfactor marca el principio de la fase de simbiosis normal, 'en la cual el infante se comporta y funciona como si él y su madre fueran un sistema omnipotente: una unidad dual dentro de un límite común.' En seguida vienen varias subfases del proceso de separación-individuación asociados a secuencias de gratificación-frustración que estimulan la catexis de la atención dirigida hacia el exterior. Aquí el infante 'reexamina' a la madre como un punto de orientación, es decir, realiza 'un examen cuidadoso y más o menos deliberado (visual y táctilmente) de todos los rasgos de la cara de la "no-mamá" y la compara, punto por punto, con la representación parcial del objeto de la madre, proceso que genera lo que Furer ha llamado un "reabastecimiento emocional". Lo cual producirá durante los dos primeros años de vida la convicción en el bebé de que comparte los poderes mágicos de la madre. El niño de doce a catorce meses que se está separando e individualizando gradualmente, se eleva de sus ejercicios, hasta ahora cuadrúpedos, a intentar sus primeros pasos sin ayuda. Alrededor del décimo octavo mes, el niño parece estar en la cumbre del proceso de tratar con su separación física con la madre, esto coincide con sus logros cognocitivos y perceptuales de la permanencia de los objetos, en el sentido de Piaget. Este es el momento en que su inteligencia sensoriomotriz comienza a convertirse en una verdadera inteligencia representacional, y cuando se realiza el importante proceso de internalización, a través de las identificaciones yoicas. Continuará.   

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27 septiembre 2012 4 27 /09 /septiembre /2012 20:29
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26 septiembre 2012 3 26 /09 /septiembre /2012 01:11
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24 septiembre 2012 1 24 /09 /septiembre /2012 21:21

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