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10 abril 2013 3 10 /04 /abril /2013 03:03
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9 abril 2013 2 09 /04 /abril /2013 20:46
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8 abril 2013 1 08 /04 /abril /2013 18:15

Beatriz-Sarlo.jpg

 

¿Usted se plantea la recuperación de la memoria individual de mucha gente que perdió a sus familiares y por otra parte señala la necesidad de revelar los testimonios de un pasado colectivo inmediato?

Creo que hubo un conjunto de hijos desaparecidos a los cuales la dictadura militar les robó la historia de sus padres. Secuestró a sus padres y los separó; les prohibió la forma habitual del tránsito entre generaciones porque asesinó a los padres de esos chicos, que pertenecen a diferentes clases sociales. Hubo sectores de la pequeña burguesía ilustrada, cuyas familias se hacían cargo de la militancia de sus hijos; educaron a esos chicos en la memoria de su padres. “Tu padre es un militante”; “tus padres se sacrificaron por la revolución”. Pero hubo otros casos —generalmente de sectores más bajos— que trataron de separar a los hijos desaparecidos de las historias de sus padres por miedo o porque directamente no entendían la idea de sacrificar una familia con hijos que eran muy pequeños en esos momentos o no habían nacido (ya que muchas mujeres dieron a luz mientras estaban presas y los militares se quedaron con sus hijos). Ambos grupos de hijos desaparecidos, necesariamente tienen que reconstruir la historia de sus padres. En términos privados es absolutamente indis-pensable; uno diría en términos del aparato psíquico. No tener la historia de los padres es como una falla constitutiva. No terminar de configurar la identidad.

Por otra parte, algunos de esos chicos han buscado los restos materiales de sus padres y al hacerlo han tenido que reconstruir el camino de sus padres. Han querido recuperar los despojos mortales para darles una sepultura. Y al hacerlo han construido una historia. Todas éstas son historias privadas que forman parte de la gran historia pública de la Argentina.

De todas maneras, la radicalización de los años sesenta y setenta no puede ser contada solamente con ese tipo de historias recuperadas porque no pueden decir lo que quisiéramos saber sobre los últimos treinta años de la República Argentina; hay que construir otras historias con otras fuentes, que no son las que pueden producir, simplemente, los hijos de los desaparecidos o los militantes sobrevivientes, sino otras fuentes que tienen que armarse y evaluarse críticamente —según mi hipótesis— para construir la historia de ese pasado. Ése es mi argumento.

Usted cita a Susan Sontag, quien advierte la excesiva importancia que se le da a la memoria en relación con el pensamiento, ¿cuáles cree usted que serían los riesgos de priorizar los testimonios sobre las ideas?

La frase de Sontag me parece genial: “es más importante entender que recordar, aunque para entender, sea preciso, también, recordar”. Lo que yo llamo el giro subjetivo en el campo de la memoria privilegia la dimensión del recordar sobre la dimensión del entender; obtura la mirada crítica sobre el pasado. Mi hipótesis es la siguiente: allí donde no hay pruebas de lo sucedido en los últimos treinta años, como puede ser el caso de los crímenes (de los veinte o treinta mil desaparecidos), ahí donde las pruebas han sido destruidas, no tenemos más que el testimonio de los sobrevivientes. Sólo tenemos el recuerdo de quien dice “yo vi cómo torturaban al compañero que tenía al lado; yo vi cómo lo sacaban después de darle una inyección para arrojarlo al río de la Plata desde un avión”. Ahí no tenemos más que ese testimonio. Pero hay otras instancias de la radicalización de los años sesenta y setenta. Hay muchos documentos escritos. Entonces el testimonio no es lo único que tenemos. Y cuando hablamos de la política revolucionaria antes de la represión, el testimonio es transmitido por personas que todavía hoy están activas en la esfera pública. Y lo que dicen sobre el pasado todavía puede estar tensionado por una colocación en el presente. Y aunque no lo estuviera, no vale sólo una palabra subjetiva, una narración en primera persona, cuando tenemos un periodo en que lo escrito fue fundamental en toda América Latina.

Recuerdo que, en una visita a México en 1980, encontré que las librerías eran marxistas; estaban las tesis de todos los distintos grupos y todas las discusiones en México y en América Latina. Y lo mismo sucedía en otros países, salvo en los que se vivía una dictadura militar. Cuando tenemos testimonios escritos del pasado, éstos se vuelven fuentes fundamentales. Porque se peleaba hasta morir para defender las tesis de un partido político marxista, leninista o trotskista, que decía que había que hacer la guerrilla en el campo o que había que hacer la guerrilla en la ciudad, o por el contrario que había que hacer terrorismo, o que había que armar a los campesinos, o a los obreros. Y esas tesis movilizaban a la gente hasta la muerte. Ese saber tiene que ser reconstruido, y en los testimonios argentinos aparece muy poco. Es como si quienes narran sus testimonios quisieran sacarle densidad intelectual al periodo para darle más densidad emotiva. Y yo creo que fue un periodo altamente intelectual y que no se hace justicia a los militantes de ese periodo, disminuyendo la densidad intelectual porque fueron hombres y mujeres muy jóvenes que se movían por ideas.

Me gustaría que glosara la frase de Hannah Arendt que dice: “Pensar con una mente abierta significa entrenar a la imaginación para que salga de visita”.

Esa frase forma parte de las conferencias sobre Kant, es uno de esos textos que a mí me ayudaron cuando estaba armando la complejidad de discusión que tiene Tiempo pasado... Cuando yo volví a esas conferencias sobre Kant, tuve la sensación de que había encontrado en Arendt exactamente la observación que necesitaba para mi razonamiento. Arendt pone una luz de alerta sobre la idea de que hay que estar muy próximo a la historia que se está narrando, tan próximo como está la primera persona que dice “a mí me sucedió esto” o “yo padecía tal cosa”. Arendt afirma que para entender, incluso, la propia experiencia, la más íntima, es necesario un acto de imaginación que aleje al sujeto de esa experiencia que le permita ponerlo en relación con otras experiencias, que le permita estructurar un mundo de sentido. Lo que Arendt discute precisamente es la raíz de la verdad testimonial, que afirmaría que cuando más cerca está uno de su propia experiencia mejor puede contarla. Arendt dice: tomemos una distancia; que la imaginación salga y entonces es posible ver la experiencia.

 

Tiempo pasado. . .,también da lugar a la reflexión sobre la primera persona como sujeto hablante. Usted señala que cada tiempo se medirá dependiendo del momento histórico en que se narra (por ejemplo, el Holocausto, la Shoah)...

...y de los restos que quede de cada tiempo. En el caso del Holocausto que es el hecho que marca centralmente el siglo XX, fue necesario saber lo que hicieron Primo Levi y Jorge Semprún víctimas y sobrevivientes, respectivamente, de Auschwitz y de Buchenwald. Ellos salen al mundo y le proporcionan, como dice Primo Levi, “la materia prima de la indignación”, porque el poder nazi, que había organizado los campos de concentración, trató de borrar y disimular los rastros materiales de los lugares donde esa experiencia tuvo lugar. En ese sentido, aunque son incomparables las matanzas de América Latina con las matanzas del Holocausto, los criminales operaron del mismo modo:  borraron los rastros de sus crímenes. No hay ejército ni grupo paramilitar que conserve el registro de cuáles fueron sus crímenes. De ahí que en Perú se tuvo que organizar esa construcción de la verdad donde iban de pueblo en pueblo con funcionarios que llegaban a tomar las declaraciones de aquellos que habían sido víctimas tanto de Sendero Luminoso como del ataque de los paramilitares o del ejército. Ésa es, como dice Primo Levi, la materia prima de la indignación y sobre algunos hechos del pasado sólo queda esa materia prima. En muchos casos —en Chile o en Argentina— es sobre todo por los recuerdos de quienes fueron prisioneros y torturados que se vuelve a la escena del crimen y se hace una especie de arqueología histórica (“ésta era la celda de tortura”; “aquí se hacían tales actividades de represión y aquí encerraban a la gente para matarla”). Los campos de concentración nazis han sido reconstruidos como monumentos del horror y tienen esa operación de arqueología histórica, además de las muchísimas fotografías que sacaron los ejércitos aliados cuando fueron llegando a los campos de concentración.

El primer movimiento para reconstruir los crímenes tiene que ver con la materia prima que proporcionan las víctimas y los sobrevivientes, incluso en algunos casos es una materia prima proporcionada en el momento mismo en que los crímenes se estaban cometiendo, como esas cuatro fotografías que un prisionero de un campo de concentración toma de los hornos de cremación cuando estaban, todavía, funcionando. La historia tiene que ser contada a partir de esa materia prima y cuando hay talento literario, como el caso de Primo Levi, se producen textos sobrecogedores o cuando hay una fuerte opción formal como en el caso de Claude Lanzmann en su filme Shoah. Ahí empieza la forma a trabajar sobre la materia prima. Lanzmann elige no mostrar una sola fotografía de campos de concentración. Ésa es una elección formal e ideológica. El director es tan persuasivo precisamente por la ausencia de las fotografías; él elige que todo eso sea presentado como discurso y no deja que los declarantes narren lo que quieren. Las preguntas son extremadamente invasivas, en algún momento crueles, tanto para los campesinos polacos a los cuales les importaba muy poco el destino de los judíos que pasaban por sus aldeas, como para los propios judíos sobrevivientes a los cuales Lanzmann acosa en el interrogatorio. En ese acoso ya hay un punto de elaboración formal muy fuerte. Es a ese momento de elaboración formal y conceptual al que yo entrego la posibilidad de hacer historia. Sólo así se puede salir de la inmediatez de la primera persona, y empezar a construir un relato. Ésa es la hipótesis básica de Tiempo pasado...

 

¿ En su opinión cuál es la percepción que tiene la población en Argentina sobre la dictadura argentina a treinta años de distancia?

Creo que los pueblos no viven en estado permanen- te de memoria; pienso, en cambio, que algunos acontecimientos activan los hechos de memoria. El 24 de m a rzo se cumplen treinta años del inicio de la dictadura militar en Argentina. Por lo tanto estoy segura que des- de ahí, desde la prensa, desde los medios de comunicación, desde las movilizaciones hacia las plazas principales de las ciudades habrá una intensificación de las huellas de la memoria, pero me parece que ninguna nación, en su conjunto, vive en estado permanente de memoria, recordando los horrores padecidos o los horro res que hizo padecer a otros pueblos. Es imposible. Incluso personalmente nadie vive en un permanente estado absoluto en su propia memoria, sino que se abren y se cierran las cajas en las que se encuentran los restos del pasado. Hay ciertas situaciones que, sin duda, activan la memoria... Cuando se descubre que un hombre de treinta años es hijo de un desaparecido, entonces resurgen de la manera más dramática y más literaria, si se quiere, problemas de filiación, que la literatura ya ha tocado muchas veces. Ahí se activa la esfera pública, pero luego eso pasa a un segundo o tercer espacio. Por eso me parece que los aniversarios son importantes; no son simplemente el recuerdo mecánico de lo que sucedió en el pasado, sino que son un momento de activación de la memoria.

 

La otra institución que transporta la memoria es la escuela, pero la escuela argentina ha quedado completamente destrozada no sólo por la crisis. La destrucción empezó con la dictadura militar y no pudo recuperarse en los años de la transición democrática y, por lo tanto, tiene muy poca capacidad para instalar los temas de memoria. La escuela adonde van los sectores populares , medio y bajo de Argentina, es una escuela destrozada.

 

Al final de Tiempo pasado..., usted señala que los mejores testimonios sobre el pasado son literarios; aunque parece que los historiadores se niegan a creer en la importancia de la literatura, ¿cuánto cree usted que la literatura sigue alimentando a la historia?

 

 

Al margen de lo que crean los historiadores o lo que hagan con la literatura, lo que yo pienso es que alguna de las novelas que cito al final del libro, son como si uno tirara una piedra a una superficie líquida; esa piedra tiene un impacto muy fuerte en el centro, es decir en aquellos lectores inmediatos de esos textos literarios complejos, pero opera de manera concéntrica más allá de esos lectores inmediatos. Yo creo que las figuraciones que hace la literatura son convincentes, conflictivas y persuasivas al mismo tiempo; son figuraciones no realistas del pasado. Si bien tienen un círculo pequeño de lectores, operan de alguna manera una traslación concéntrica hacia sectores exteriores al grupo de los primeros lectores cultos. En las sociedades hay ciertos hechos de cultura que, efectivamente, condicionan sólo a los intelectuales, pero eso no significa que no operen a través de los intelectuales sobre sectores más amplios. Por lo tanto en esta reconstrucción del pasado confío muy fuertemente en la historia que examina y establece sus hipótesis y, también, confío muy fuertemente en ciertas formas de la figuración estética. (fragmento)

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7 abril 2013 7 07 /04 /abril /2013 05:47
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4 abril 2013 4 04 /04 /abril /2013 01:39
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2 abril 2013 2 02 /04 /abril /2013 01:37
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1 abril 2013 1 01 /04 /abril /2013 20:26

Carnet-nacional-de-periodista-profesional-de-Rodol-copia-1.jpg 

 

La censura de prensa, la persecución a intelectuales, el allanamiento de mi casa en el Tigre, el asesinato de amigos queridos y la pérdida de una hija que murió combatiéndolos, son algunos de los hechos que me obligan a esta forma de expresión clandestina después de haber opinado libremente como escritor y periodista durante casi treinta años.

El primer aniversario de esta Junta Militar ha motivado un balance de la acción de gobierno en documentos y discursos oficiales, donde lo que ustedes llaman aciertos son errores, los que reconocen como errores son crímenes y lo que omiten son calamidades.

El 24 de marzo de 1976 derrocaron ustedes a un gobierno del que formaban parte, a cuyo desprestigio contribuyeron como ejecutores de su política represiva, y cuyo término estaba señalado por elecciones convocadas para nueve meses más tarde. En esa perspectiva lo que ustedes liquidaron no fue el mandato transitorio de Isabel Martínez sino la posibilidad de un proceso democrático donde el pueblo remediara males que ustedes continuaron y agravaron.

Ilegítimo en su origen, el gobierno que ustedes ejercen pudo legitimarse en los hechos recuperando el programa en que coincidieron en las elecciones de 1973 el ochenta por ciento de los argentinos y que sigue en pie como expresión objetiva de la voluntad del pueblo, único significado posible de ese “ser nacional” que ustedes invocan tan a menudo.

Invirtiendo ese camino han restaurado ustedes la corriente de ideas e intereses de minorías derrotadas que traban el desarrollo de las fuerzas productivas, explotan al pueblo y disgregan la Nación. Una política semejante sólo puede imponerse transitoriamente prohibiendo los partidos, interviniendo los sindicatos, amordazando la prensa e implantando el terror más profundo que ha conocido la sociedad argentina.

 Quince mil desaparecidos, diez mil presos, cuatro mil muertos, decenas de miles de desterrados son la cifra desnuda de ese terror.

Colmadas las cárceles ordinarias, crearon ustedes en las principales guarniciones del país virtuales campos de concentración donde no entra ningún juez, abogado, periodista, observador internacional. El secreto militar de los procedimientos, invocado como necesidad de la investigación, convierte a la mayoría de las detenciones en secuestros que permiten la tortura sin límite y el fusilamiento sin juicio.

Más de siete mil recursos de hábeas corpus han sido contestados negativamente este último año. En otros miles de casos de desaparición el recurso ni siquiera se ha presentado porque se conoce de antemano su inutilidad o porque no se encuentra abogado que ose presentarlo después que los cincuenta o sesenta que lo hacían fueron a su turno secuestrados.

De este modo han despojado ustedes a la tortura de su límite en el tiempo. Como el detenido no existe, no hay posibilidad de presentarlo al juez en diez días según manda un ley que fue respetada aún en las cumbres represivas de anteriores dictaduras. en lo interno se subraya el carácter de represalias desatadas en los mismos lugares y en fecha inmediata a las acciones guerrilleras.

Setenta fusilados tras la bomba en Seguridad Federal, 55 en respuesta a la voladura del Departamento de Policía de La Plata, 30 por el atentado en el Ministerio de Defensa, 40 en la Masacre del Año Nuevo que siguió a la muerte del coronel Castellanos, 19 tras la explosión que destruyó la comisaría de Ciudadela forman parte de 1.200 ejecuciones en 300 supuestos combates donde el oponente no tuvo heridos y las fuerzas a su mando no tuvieron muertos.

Depositarios de una culpa colectiva abolida en las normas civilizadas de justicia,incapaces de influir en la política que dicta los hechos por los cuales son represaliados, muchos de esos rehenes son delegados sindicales, intelectuales, familiares de guerrilleros, opositores no armados, simples sospechosos a los que se mata para equilibrar la balanza de las bajas según la doctrina extranjera de “cuenta-cadáveres” que usaron los SS en los países ocupados y los invasores en Vietnam.

El remate de guerrilleros heridos o capturados en combates reales es asimismo una evidencia que surge de los comunicados militares que en un año atribuyeron a la guerrilla 600 muertos y sólo 10 ó 15 heridos, proporción desconocida en los más encarnizados conflictos. Esta impresión es confirmada por un muestreo periodístico de circulación clandestina que revela que entre el 18 de diciembre de 1976 y el 3 de febrero de 1977, en 40 acciones reales, las fuerzas legales tuvieron 23 muertos y 40 heridos, y la guerrilla 63 muertos. Más de cien procesados han sido igualmente abatidos en tentativas de fuga cuyo relato oficial tampoco está destinado a que alguien lo crea sino a prevenir a la guerrilla y Ios partidos de que aún los presos reconocidos son la reserva estratégica de las represalias de que disponen los Comandantes de Cuerpo según la marcha de los combates, la conveniencia didáctica o el humor del momento.

Así ha ganado sus laureles el general Benjamín Menéndez, jefe del Tercer Cuerpo de Ejército, antes del 24 de marzo con el asesinato de Marcos Osatinsky, detenido en Córdoba, después con la muerte de Hugo Vaca Narvaja y otros cincuenta prisioneros en variadas aplicaciones de la ley de fuga ejecutadas sin piedad y narradas sin pudor.

El asesinato de Dardo Cabo, detenido en abril de 1975, fusilado el 6 de enero de 1977 con otros siete prisioneros en juris- dicción del Primer Cuerpo de Ejército que manda el general Suárez Masson, revela que estos episodios no son desbordes de algunos centuriones alucinados sino la política misma que ustedes planifican en sus estados mayores, discuten en sus reuniones de gabinete, imponen como comandantes en jefe de las 3 Armas y aprueban como miembros de la Junta de Gobierno.

 Entre mil quinientas y tres mil personas han sido masacradas en secreto después que ustedes prohibieron informar sobre hallazgos de cadáveres que en algunos casos han trascendido, sin embargo, por afectar a otros países, por su magnitud genocida o por el espanto provocado entre sus propias fuerzas. Veinticinco cuerpos mutilados afloraron entre marzo y octubre de 1976 en las costas uruguayas, pequeña parte quizás del cargamento de torturados hasta la muerte en la Escuela de Mecánica de la Armada, fondeados en el Río de la Plata por buques de esa fuerza, incluyendo el chico de 15 años, Floreal Avellaneda, atado de pies y manos, “con lastimaduras en la región anal y fracturas visibles” según su autopsia.

Un verdadero cementerio lacustre descubrió en agosto de 1976 un vecino que buceaba en el Lago San Roque de Córdoba, acudió a la comisaría donde no le recibieron la denuncia y escribió a los diarios que no la publicaron.

Treinta y cuatro cadáveres en Buenos Aires entre el 3 y el 9 de abril de 1976,ocho en San Telmo el 4 de julio, diez en el Río Luján el 9 de octubre, sirven de marco a las masacres del 20 de agosto que apilaron 30 muertos a 15 kilómetros de Campo de Mayo y 17 en Lomas de Zamora.

En esos enunciados se agota la ficción de bandas de derecha, presuntas herederas de las 3 A de López Rega, capaces dc atravesar la mayor guarnición del país en camiones militares, de alfombrar de muertos el Río de la Plata o de arrojar prisioneros al mar desde los transportes de la Primera Brigada Aérea 7, sin que se enteren el general Videla, el almirante Massera o el brigadier Agosti. Las 3 A son hoy las 3 Armas, y la Junta que ustedes presiden no es el fiel de la balanza entre “violencias de distintos signos” ni el árbitro justo entre “dos terrorismos”, sino la fuente misma del terror que ha perdido el rumbo y sólo puede balbucear el discurso de la muerte.

La misma continuidad histórica liga el asesinato del general Carlos Prats, duran- te el anterior gobierno, con el secuestro y muerte del general Juan José Torres, Zelmar Michelini, Héctor Gutiérrez Ruíz y decenas de asilados en quienes se ha querido asesinar la posibilidad de procesos democráticos en Chile, Bolivia y Uruguay.

La segura participación en esos crímenes del Departamento de Asuntos Extranjeros de la Policía Federal, conducido por oficiales becados de la CIA a través de la AID, como los comisarios Juan Gattei y Antonio Gettor, sometidos ellos mismos a la autoridad de Mr. Gardener Hathaway, Station Chief de la CIA en Argentina, es semillero de futuras revelaciones como las que hoy sacuden a la comunidad internacional que no han de agotarse siquiera cuando se esclarezcan el papel de esa agencia y de altos jefes del Ejército, encabezados por el general Menéndez, en la creación de la Logia Libertadores de América, que reemplazó a las 3 A hasta que su papel global fue asumido por esa Junta en nombre de las 3 Armas.

Este cuadro de exterminio no excluye siquiera el arreglo personal de cuentas como el asesinato del capitán Horacio Gándara, quien desde hace una década investigaba los negociados de altos jefes de la Marina, o del periodista de “Prensa Libre” Horacio Novillo apuñalado y calcinado, después que ese diario denunció las conexiones del ministro Martínez de Hoz con monopolios internacionales. A la luz de estos episodios cobra su significado final la definición de la guerra pronunciada por uno de sus jefes: “La lucha que libramos no reconoce límites morales ni naturales, se realiza más allá del bien y del mal”. (fragmento)

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26 marzo 2013 2 26 /03 /marzo /2013 18:00

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El segundo momento importante a destacar dentro del proceso de gestación del arte electrónico y computacional lo marca la organización en la década de los 1960's de los primeros coloquios internacionales y exposiciones colectivas sobre el tema. En 1966 artistas e ingenieros como Robert Rauschenberg y Billy Klüver presentaron 9 Evenings: Theatre and Engineering, una serie de eventos alrededor del arte y la tecnología que derivaría en la formación de la primera organización para promover la colaboración entre artistas e ingenieros: E.A.T (Experiments in Art and Technology). Diez artistas neoyorquinos trabajaron con treinta ingenieros y científicos de los laboratorios de la Bell Telephone en dicho proyecto, que culminó con la incorporación al mundo del arte de tecnologías como la proyección en video, la transmisión inalámbrica de sonido, y uso del sonar Doppler. En 1970 los artistas e ingenieros de E.A.T colaboraron en la creación del domo inmersivo para la Expo 70 en Osaka, Japón, que incluyó la escultura de niebla de Fujiko Nayaka.

 

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Para 1968 dos distintos eventos, esta vez en Europa, volvieron a dar un impulso definitivo al arte computacional: la exposición Cybernetic Serendipity (Londres) y el coloquio internacional "Computadoras e Investigación Visual" llevado a cabo los días 3 y 4 de agosto en la ciudad de Zagreb. La primera ha sido ampliamente estudiada y revisada en libros y coloquios internacionales, mientras que el segundo es menos conocido y requiere una nueva aproximación. En ambos casos volvemos a encontrar la presencia de Max Bense como impulsor de una nueva estética informática. Efectivamente, Bense promovió en Alemania las primeras exposiciones de arte computacional hacia 1965, cuando invitó a Georg Ness a mostrar su obra en el tecnológico de Stuttgart. Animado por esta exhibición, Frieder Nake presentaría su trabajo con el propio Ness, en la galería Niedlich en noviembre del mismo año. Por su parte, la organizadora de Cybernetic Serendipity, Jasia Reichardt, conoció también a Bense en Londres aquel 1965, con ocasión de una exhibición de poesía concreta; fue él quien le sugirió que volviera su atención a las computadoras ( "look into the computers") y de dicho encuentro surgió la idea para organizar la primera y más grande exhibición de arte computacional y robotología. Reichardt organizó la exhibición en tres distintas secciones:

•obra generada por computadora

•robots y dispositivos cibernéticos, máquinas para pintar

•máquinas mostrando el uso de computadoras/historia de la cibernética.

 

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Entre los participantes se encontraba el CTG (Computer Technique Group), un colectivo del Japón formado por estudiantes de arte e ingeniería fundado por Masao Kohmura y Haruki Tsuchiya y en parte financiado por la IBM. Además de los llamados "padres fundadores", como Charles Csuri, Charles Pask, Frieder Nake, Michael Noll,  John Whitney y Edward Ihnatowicz, participaron artistas de Fluxus, como Naim June Paik, creadores de máquinas-artistas como Jean Tinguely y músicos como John Cage y Iannis Xenakis. La exhibición trabajaba con posibilidades más que con logros y en este sentido, pese a su importancia, fue prematuramente optimista. La crítica del artista radical Gustav Metzger que destacaba el tono de 'feria de juegos' (fun-fair) de la exhibición hacía notar el 'potencial reaccionario del arte y la tecnología', que ocultaba el uso armamentista del las computadoras en los países de donde procedían los artistas invitados. A lo que su organizadora contestó: "Cybernetic Serendipity no fue una exhibición como tal, ni una feria de juegos tecnológicos, ni un manifiesto programático- fue primeramente una demostración de ideas, actos y objetos contemporáneos, para establecer un enlace entre la cibernética y los procesos creativos".

 

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Por su parte, el coloquio internacional de Zagreb inauguró la discusión sobre la estética teoríca adecuada para el nuevo arte electrónico. Max Bense y Abraham Moles ofrecieron los primeros bosquejos de un método que determinase el valor del arte sobre bases empíricas, científicas y matemáticas. En su introducción al coloquio Moles se enfocó en el concepto científico de experimento, que ha sido constantemente manipulado por el arte moderno:
"La experimentación es una sistematización y una exploración en el campo de las posibilidades, y  difiere primeramente del intento. En los múltiples intentos a los que hemos asistido por más de veinte años en el arte moderno, ningún análisis serio se ha realizado [...] La experimentación es un ejercicio, un ejercicio en el campo de las posibilidades, definido por leyes de constreñimiento o por un algoritmo, esto significa por una sucesión de pasos en el pensamiento con el fin de llegar a una meta precisa".  

 

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24 marzo 2013 7 24 /03 /marzo /2013 04:06
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18 marzo 2013 1 18 /03 /marzo /2013 01:52

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Frieder Nake: Homenaje a Paul Klee, 1965.

 

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Charles Csuri, Random War, 1968.

 

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Manfred Mohr: Scratch Code, 1969.

 

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Vera Molnar, Interrupciones, 1969.

 

 

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Herbert Franke, Electronic Einstein, 1972.

 

 

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Mark Wilson, sin título, 1973.

 

 

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Joan Truckenbrod, Catalista lírico, 1975.

 


 


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