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16 septiembre 2012 7 16 /09 /septiembre /2012 01:56

        Sandro-Becchetti--P.P.P.-1971.jpg

 

                    

              CANTO I

 

No es de mayo este impuro aire

que el oscuro cementerio extranjero

hace aún más oscuro, o lo ilumina

 

con ciegas claridades...este cielo

de babas sobre techos amarillentos

que en semicírculos inmensos velan

 

las curvas del Tíber, los turquesas

montes del Lacio...Expande una mortal paz, desamorada como nuestros destinos

 

entre las viejas murallas el otoñal

mayo. En él está el gris del mundo

el fin del decenio en el que nos aparece

 

entre las inmundicias concluido el profundo

e ingenuo esfuerzo de rehacer la vida,

el silencio, putrefacto e infecundo...

 

Tú joven, en aquel mayo en que el error

significaba aún la vida, en aquel mayo italiano que a la vida agregaba al menos ardor,

 

por lo menos despreocupado e impuramente

sano de nuestros padres-no padre, pero

humilde hermano- con tu flaca mano

dibujabas el ideal que ilumina

 

(pero no para nosotros: tú muerto, y nosotros

muertos igualmente, contigo, en el húmedo

jardín) este silencio. No puedes,

 

lo ves? que descansar en este lugar

extraño, aún confinado. Tedio

patricio te rodea. Y desteñido

 

sólo te llega algún golpe de martillo

de los talleres del Testaccio aquietado

en el atardecer entre miserables techos, desnudos

 

montones de lata, hierros viejos, donde

canta inútilmente un muchachón que concluye

su jornada, mientras alrededor la lluvia cesa.

 

                

                     CANTO 2

 

 

Entre los dos mundos, la tregua en la cual no estamos...elecciones, abandonos, otros

sonidos no tienen que éstos del jardín acongojado

 

 

y noble, en el que el tenaz engaño

 alentaba la vida, queda en la muerte.

Los círculos de los sarcófagos no hacen más

 

 

que mostrar la sobreviviente suerte

 de gente laica de laicas inscripciones

 en estas grises piedras, cortas

 

 

e imponentes. Aún de pasiones

 sin freno sin escándalo han ardido

 los huesos de los poderosos de naciones

 

 

más grandes: silban, casi nunca desaparecidas

las ironías de los príncipes, de los pederastas

 cuyos cuerpos están en las urnas esparcidos

 

 

ya cenizas y no aún castos.

Aquí el silencio de la muerte es fe

de un civil silencio de hombres permanecidos

 

 

hombres, de un tedio que en el tedio

del parque, discreto cambia: y la ciudad

que indiferente, lo confina en medio

 

 

de tugurios y de iglesias, sacrílego en la piedad

allí pierde su esplendor. Su tierra

plena de ortigas y verdores alimenta

 

esos flacos cipreses, esta negra

humedad que mancha los muros alrededor

de los flacos entrelazamiento de los tallos, que el anochecer

 

apaga serenando desnudos

olores de alga...este pasto débil

e inodoro, donde se hunde violeta

 

la atmósfera, con un temblor de menta

o heno podrido, y quietamente anuncia

con diurna melancolía, la apagada

 

trepidación de la noche. Aspero

de clima, dulcísimo de historia, está

entre estos muros el suelo que suda

 

 

otro suelo; esta humedad que

recuerda otra humedad; y resuenan

familiares de latitudes y

 

horizontes donde inglesas selvas coronan

lagos perdidos en el cielo, entre praderas

verdes como billares fosfóricos o como

 

esmeraldas: "and O ye Fountains..."las piadosas invocaciones.

 

 

                 CANTO 3

 

 

Un trapo rojo como aquel

enroscado en el cuello de los partisanos

y cerca de la tumba, sobre el terreno calcinado

 

 

diferentemente rojos, dos geranios.

Allí yaces, señalado con adusta elegancia

no católica, en el elenco de los extraños

 

 

muertos: Las cenizas de Gramsci...A la esperanza y a la vieja desconfianza te acerco,

caminante sin rumbo en esta flaca tierra, frente

 

 

a tu tumba, a tu espíritu apresado

acá entre estos liberados(O existe algo

diferente, quizás de mayor éxtasis

 

 

y también de mayor humildad, ebria simbiosis

adolescente de sexo y muerte...)

y desde este país en el que no tuvo descanso

 

 

tu alerta, percibo qué error

aquí en la quietud de las tumbas- junto

a qué razón -en el inquieto destino

 

 

nuestro- tuviste escribiendo las supremas

páginas en los días de tu asesinato.

Aquí para testimoniar el semen

 

 

aún no esparcido del antiguo dominio,

estos muertos aferrados a una posesión

que ahonda en los siglos su abominación

 

 

y su grandeza: y al mismo tiempo obsesión

esa vibración de yunques, sordamente

sofocada y profunda- del humillado

 

 

barrio-para verificar el fin.

Y heme aquí...pobre, vestido

con ropas que los pobres espían en las vidirieras

 

 

de chillón fulgor, y que han perdido

la suciedad de perdidas calles

 

de los bancos de tranvías que vuelven

 

 

confuso mi día: mientras siempre más raras

son estas vacaciones, en el tormento

de mantenerme vivo; y si me ocurre

 

 

de amar el mundo no es más que por un violento

e ingenuo amor sensual

así como, confundido adolescente, en una época

 

 

lo odié, si me hería el mal

burgués a mi burgués: y ahora, dividido

-contigo- objeto parece

 

 

de rencor y sí casi de místico

desprecio,la parte que tiene el poder?

sin embargo sin tu rigor, subsisto

 

 

porque no elijo. Vivo en la apatía

de la eclipsada postguerra: amando el mundo que odio- su miseria

 

 

despreciable y perdida- por un oscuro escándalo

de la conciencia...

 

 

versión: Elena Tardonato

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Published by Carlos de Landa
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