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17 septiembre 2012 1 17 /09 /septiembre /2012 01:17

      gramsci

            

 

 

                 CANTO 4

 

El escándalo de contradecirme, de estar

contigo y contra tí; contigo en el corazón

a la luz, contra tí en las oscuras vísceras;

 

 

de mi paterno estado traidor

en el pensamiento, en una sombra de acción-

me sé a él aferrado en el calor

 

 

de los instintos, de la estética pasión;

atraído por una vida proletaria

anterior a tí, es para mí una religión

 

 

su alegría, no su milenaria

lucha; su naturaleza, no su

conciencia; es la fuerza originaria

 

 

del hombre que en el acto se ha perdido

que da a la ebriedad de la nostalgia

una luz poética; y más

 

 

no sé decir. que no sea

justo pero no sincero, abstracto

amor, no profunda simpatía...

 

 

Como los pobres, pobre, me aferro

como ellos a humillantes esperanzas,

como ellos por vivir lucho

 

 

cada día. Pero en la desolada

condición mía de desheredado

yo poseo: y es la más exultante

 

 

de las posesiones burguesas, el estado

más absoluto. Pero como yo poseo la historia

ésta me posee: me ha iluminado

 

 

pero para qué sirve la luz?

 

 

 

             CANTO 5

 

 

 

No menciono al individuo, al fenómeno

de ardor sensual y sentimental

y de hábitos, otro es el nombre

 

 

y la fatalidad de su pecar.

Pero en él mezclados como comunes

vicios uterinos, y como

 

 

preciso el pecar! No son inocentes

los internos y extremos actos, que lo hacen

encarnarse a la vida, y por ninguna

 

 

de las religiones que en la vida están,

hipoteca de muerte, instituidas

para engañar la luz, para dar luz al engaño.

 

 

Destinados para ser sepultados

sus despojos en el Verano, es católica

su lucha con ellas: jesuíticas

 

 

las resistencias con que dispone el corazón

y aún más adentro; tiene bíblicas astucias

su conciencia...e irónico ardor

 

 

liberal... y torpe luz, entre los disgustos

de dandy provincial, de provincial

salud...Hasta los mínimos detalles

 

 

con que se desdibujan, en el fondo animal

Autoridad y Anarquía...bien protegido

por la impura virtud y por el ebrio pecar,

 

 

defendiendo con ingenuidad de fanático

con mucho entusiasmo !Vive el yo :yo

vivo, eludiendo la vida, teniendo en el pecho

 

 

el sentido de una vida que signifique el olvido

profundo, violento...Ah como

entiendo, mudo en la fraternal caricia

 

 

del viento, aquí donde permanece muda Roma

entre los cipreses cansadamente sacudidos

cerca de tí, el alma de la que el grafito susurra

 

 

Shelley...comprendo ahora el remolino

de sentimientos, el capricho(griego

en el corazón del patricio, nórdico

 

 

viajero) que lo tragó en el ciego

celeste del Tirreno, la carnal

alegría de la aventura, estética

 

y pueril, mientras yaciendo Italia

como dentro del vientre de una enorme

cigarra, abre los blancos laterales

 

esparcidos en el Lacio con veladas muchedumbres de pinos barrocos, de amarillentos

espacios la radicha donde duerme

 

con el miembro hinchado entre jirones un sueño

goethiano, el joven pastor romano...

En la Maremma, oscuros, de soberbias cuevas

 

de hierbas, entre las que se destaca claramente

el almendro, por los senderos que la huella

de su juventud colma ignorando.

 

Ciegamente perfumadas en las secas

curvas de Versilia, que sobre el mar

enroscado, ciego, las tersas pinceladas

 

de los encastres leves de su pascual

campaña enteramente humana

expone, oscurecida en Cinquale

 

desovillada bajo la tórrida Apuana

los azules vítreos sobre el rosa...De escollos,

rotos, sacudidos, como por un pánico

 

de fragancia en la Ribera, blandura

ríspida donde el sol lucha con la brisa

para dar suprema suavidad al aceitoso

 

mar...Y alrededor zumba alegremente

el exterminado instrumento de percusión

del sexo y de la luz: así acostumbrada

 

está Italia que no tiembla, como

muerta en vida: gritan con ardor

desde cientos de puertos el nombre

 

del compañero y los jóvenes sudorosos

en la oscuridad del rostro, entre gente

de la ribera, en los huertos de cardos en sucias playas...

 

Me pedirás tú, muerto descarnado

abandonar esta desesperada

pasión de estar en el mundo

 

 

               CANTO 6

 

 

 

Me voy, te dejo en el atardecer

que aunque triste, tan dulcemente desciende

para nosostros los vivos, con la luz de vela

 

que al barrio en penumbra descubre.

Y lo desordena. Lo hace aún más grande, vacío

más amplio y lejano, lo enciende

 

de una vida inquieta, y del ronco

rodar del tranvía, de los gritos humanos

dialectales, conjuga un concierto sordo

 

y absoluto. Y sientes cómo en aquellos lejanos

seres que en la vida gritan, ríen,

en aquellos sus vehículos, en aquellos tristes

 

caseríos donde se consume el infiel

y expansivo don de la existencia-

esa vida no es más que un temblor,

 

corpóreo, colectiva presencia;

sientes la ausencia de toda religión

verdadera, no vida sino sobrevivencia

 

-quizás más dulce que la vida- como

de un pueblo de animales, en el que el misterioso

orgasmo no tenga otra pasión

 

que la del actuar cuotidiano:

humilde fervor a la que da sentido festivo

la humilde corrupción. Cuanto más vano es

 

en este vacío de la historia, en esta

ronroneante pausa en la que la vida calla

todo ideal, mejor se manifiesta

 

la estupenda, adusta sensualidad

casi alejandrina, que todo lima

e impúdicamente enciende, cuando acá

 

en el mundo algo se derrumba, y se arrastra

el mundo, en la penumbra al volver

a plazas vacías, a talleres sin entusiasmo...

 

Ya se encienden las luces, ribeteando

vía Zabaglia, vía Franklin, todo el

Teataccio, despojado de su gran

 

 

escuálido monte, los caminos a lo largo del Tíber, la negra profundidad, más allá del río,

que Monteverde amasa o esfuma invisible sobre el cielo

.

Diademas de luces que se pierden

brillantes y frías de tristeza

casi marina...Falta poco para la cena;

 

brillan los pocos ómnibus del barrio

con racimos de obreros en las puertas

y grupos de militares van, sin apuro

 

hacia el monte que cobija en medio de montones

sucios y muchos cestos de basura

a la sombra, subrepticias mujerzuelas

 

que esperan ansiosas sobre la basura

afrodisíaca; y no lejos, entre casillas

abusivas a los costados del monte, o en medio

 

de las casonas, como mundos, muchachones

livianos como jirones juegan en el aire

no ya frío, primaveral; ardientes

 

de desenfado juvenil su romana

tarde de mayo, oscuros adolescentes

silban por la calle, en la fiesta

 

vespertina; y estruenden las persianas

de los garages de golpe, alegremente

si la oscuridad vuelve sereno el atardecer,

 

y en medio de los plátanos de la plaza Testaccio

el viento que cae en lenguas de tempestad

es muy dulce, aunque afeite los sombreros

 

y los olores del matarife, se odorice

con sangre putrefacta, y por doquier

sacuda rechazos y olor de miseria.

 

Es un murmullo la vida, y estos perdidos

en ella, la pierden serenamente

si el corazón tienen colmo de ella: a gozar

 

he los miserables, el atardecer; y potente

en ellos, inerme para ellos, el mito

renace...Pero yo con el corazón consciente

 

de quien solamente en la historia tiene vida

podré alguna vez por pura pasión actuar

si sé que nuestra historia ha concluido?

 

 

versión: Elena Tardonato

 

 

    gramsci3.jpg

 

 

 

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Published by Carlos de Landa
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