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31 julio 2012 2 31 /07 /julio /2012 16:32

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La modernidad podría definirse como un proceso colectivo que va del autoconocimiento al descubrimiento del otro. El hombre se vuelve objeto de estudio de si mismo y más tarde aplica esa misma voluntad de saber a los demás. Así surgieron, por ejemplo, además del psicoanálisis y la fenomenología, la epistemología genética de Jean Piaget y la orgonoterapia de Wilhelm Reich. No fue, sin embargo, el caso de la teoría sobre la respuesta y la incompatibilidad sexual, de Masters y Johnson. En lugar de proceder de lo particular (con su propia sexualidad) y generalizar sus alcances en una teoría y una terapia absolutista de la genitalidad, como le ocurrió a Reich, sus creadores, el ginecólogo Wiliam Masters y su asistente Virginia Johnson, estudiaron la conducta sexual humana bajo una perspectiva de laboratorio. Realizaron observaciones a cientos de hombres y mujeres y con ello obtuvieron 10,000 ciclos completos de respuesta sexual, que arrojaban información sobre las distintas etapas de la exitación sexual, sus aspectos anatómicos y disfuncionales, como la lubricación, la eyaculación precoz y la inadecuación sexual, hasta un tratamiento para revertir la homosexualidad en heterosexualidad. Mucha tinta ha corrido desde entonces y muchos prejuicios han caído también, lo cierto es que la obra de Masters y Johnson, a la par del famoso reporte Kinsey, abrió un espacio de discusión enorme entorno a la naturaleza humana. Solo por establecer un punto de comparación, revisemos la sexualidad de los sujetos estudiados (en sus diarios y correspondencia) por Peter Gay , en su trilogía La experiencia Burguesa, con todos sus prejuicios, secretos y tabues, y comparémosla con la sexualidad de esa misma burguesía cien años después. Parecieran dos formas de humanidad distintas. Dichos cambios ocurren cada diez mil años.  

 

 

 

 

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Published by Carlos de Landa
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