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12 noviembre 2011 6 12 /11 /noviembre /2011 00:50

 

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La centralidad del problema de lo político es evidente en las últimas obras de Foucault y Deleuze. Deleuze caracteriza el giro que se opera con Vigilar y castigar propiamente como el surgimiento de una nueva concepción del poder, de una nueva política.  Foucault dice:

 

 

Hay que dejar de describir siempre los efectos del poder en términos negativos: "excluye", "reprime", "rechaza", "censura, "abstrae, disimula", oculta". En efecto, el poder produce; produce realidad; produce ámbitos de objetos y rituales de verdad. El individuo y el conocimiento que de él se puede obtener provienen de esta producción.

 

El poder produce; es pues, técnica (tikto). ¿En esto consiste su nueva concepción? Que el poder sea técnica, es decir, una forma característica de la producción en cuanto distinta del hacer propio de la poiesis, es algo que está en el origen del pensamiento occidental. La producción del poder pertenece al dominio de la técnica en cuanto escisión del hacer poiético. Que el poder produzca es, pues, una banalidad absoluta; la crítica a las descripciones "negativas" del poder es una crítica de la psicología del poder (como a menudo ocurre también en Nietzsche, por ejemplo a propósito del cristianismo). ¿Cómo produce el poder? Ésta es la verdadera pregunta, la auténtica Fragwurdiges.

La producción del poder, las formas en que éste ejerce, no derivan de un Logos, de una Ley fundamental y claramente "localizada". Las disposiciones del poder no pueden ser leídas en base a juicios a priori de la razón práctica. Estas no revelan ninguna trama trascendental. El poder es sólo ejercicio del poder: multiplicidad de disposiciones, organismos, maniobras, funciones, tácticas, "ingenios"; multiplicidad que ya no es correlato de lo Uno; campo de fuerza que no expresa cogitos unificantes. Esto comporta el abandono de los "cinco postulados fundamentales" que para Deleuze rigen "la filosofía política" tradicional: el de la "propiedad" del poder (el poder sería "atributo" de una clase que lo habría conquistado, y no el efecto de innumerables puntos de desafío, conflictos, luchas, inversiones; resultante, en suma de las di-versas posiciones estratégicas que las diversas clases asumen y que son asumidas en el seno de una misma clase); el de la "localización" (el poder estaría "localizado" en un aparato institucional claramente definible mientras, en lugar de ello, el Estado mismo sería una "multiplicidad de mecanismos y puntos de irradiación") ; el de la "subordinación" (el poder institucional subordinado a la "estructura económica"); el del "modo de acción" (el poder como "negativo"; represión, ocultamiento, etcétera) el de la "legalidad" (el poder como complejo de Leyes, cuando la ley es siempre una composición de ilegalidades que ella diferencia formalizándolas; la ley no es nada más que "el resultado de una guerra ganada").

 

 

 

Se dice que el poder es técnica, o mejor, complejo de técnicas no concentradas en lugares fijos delegados por la armonización a priori de los diversos intereses, de los múltiples sujetos. Pero ¿en qué consiste esta técnica o este conjunto de técnicas en cuanto tal? ¿Cuál es su diferencia específica respecto de cualquier otra técnica? ¿Se trata de la schopenhaueriana "voluntad de vivir" de toda técnica? ¿El poder es diseminación anárquica Y, entonces, ¿por qué seguimos hablando de poder? ¿O bien se trata de una multiplicidad funcional de técnicas (y seguramente es así como lo entienden Foucault y Deleuze)?, en cuyo caso, ¿no será necesario definir tales funciones, la forma de su campo de fuerzas? Todas estas preguntas no son consideradas en absoluto en Deleuze y Foucault. Ellos parecen contentarse con la respuesta "ingenua" al problema del poder: el poder produce de manera inmanente en los campos disciplinarios singulares, discretos, en que se ejerce.

 

 

La frustrada radicalidad de la crítica del poder, la frustrada crítica de las formas contemporáneas de lo político, conducen al mito del Panóptico. Un vigilante en la Torre y "tantos pequeños teatros como celdas, en las que cada actor está solo, perfectamente individualizado y constantemente visible . El vigilante ve sin ser visto. El panóptico "es una máquina para disociar la pareja ver ser visto". El Poder condena a cada sujeto, encerrado en su propia disciplina, a la visibilidad pura. La visibilidad-pura del sujeto es la condición del conocimiento del vigilante. El perfecto saber de los habitantes de la torre constituye su mismo poder. Saber-Poder determinan un círculo que se cierra perfectamente. Tampoco la máquina del Panóptico se presenta como una institución separada: ésta es comprendida "como un modelo generalizable de funcionamiento",  que regula la proliferación de los mecanismos disciplinarios. Esta máquina es, por consiguiente, mecanismo", modelo infinitamente generalizable, principio panóptico. Ahí está el principio del Poder que atraviesa el complejo íntegro de las disciplinas, que las ve y viéndolas dispone de ellas. Deleuze dice: "no es un modelo que pueda aplicarse": el - panoptismo es función pura, máquina abstracta. Sí, pero el principio de tal máquina se puede encontrar en toda materia, en la transformación de toda materia. Nada tiene que ver con una idea trascendente, pero muchísimo con una forma trascendental (que es una forma funcional). De modelos y principios trascendentales habla el mismo Foucault. Un viejo maquinismo romántico-positivista domina su concepción de la organización disciplinaria y la reduce a una forma, a una función. ¿Cómo se daña esta máquina? ¿Sólo por intervenciones externas: deus ex machina? ¿o por la propia composición intrínseca, por su autonomía límite? Más todavía: ¿cómo puede mantenerse, si no es en términos metafísicos, la concepción de un puro Ver "disimétrico" respecto a una pura visibilidad? ¿No se trata aquí aún de la episteme clásica: el sujeto que desde su Centro ve, mide, ordena? ¿El sujeto que cree "poseer" a los objetos-prisioneros no contempla sino pálidas siluetas de ellos en las celdas de la periferia? Al contrario, no solamente el ver transforma al sujeto de la visión, sino que la visión no podrá nunca restituir perfectamente el objeto prisionero: los llamados a la epistemología contemporánea que abundan en Deleuze y Foucault permanecen absolutamente literarios. El panoptismo es una máquina racionalista, una utopía del "universo de la precisión", que la Rationalisierung ha eliminado hace demasiado tiempo como para que todavía valga la pena hablar de ella. En ligarse a ese universo, en estar aún ineluctablemente confinados a él, en esto consiste el verdadero "irracionalismo" de Deleuze y Foucault.

 

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imágenes: Deleuze, Sartre y Foucault durante las jornadas de acción del GIP (Grupo de Información sobre las prisiones) en el ministerio de justicia, París, 1972 / fotos: E. Kagan

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Published by Carlos de Landa
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