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19 agosto 2012 7 19 /08 /agosto /2012 17:16

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La historia de los acontecimientos ha cedido lugar a una historia estructural, por llamarle de alguna manera, en la que los eventos temporales brillan por su ausencia o son vistos a la luz de otra historia, una historia casi geográfica, casi demográfica. Desde el surgimiento de la historia económica y la historia de las mentalidades, el acontecimiento histórico fue relegado al reportaje periodístico y fueron los corresponsales de guerra los que pormenorizaron los eventos e intentaron darnos una visión temporal de los mismos. Cierto es que los historiadores llegan más tarde, cuando se abren los archivos y se contempla lo que fue el campo de los acontecimientos como se explora arqueológicamente una ruina. Lo hemos visto al reseñar la cultura visual de la Gran guerra.

Pero Vietnam fue diferente, la guerra con los Estados Unidos creó una literatura a su alrededor que se ha convertido en algo así como las 'cartas de relación', las historias y las crónicas de guerra de los vencedores. No podemos estudiar Vietnam sin remitirnos a dicha literatura. Pero además la relación  Estados Unidos-Vietnam se asemeja mucho a la del Imperio español con el territorio conquistado de Mesoamérica. Fue una conquista no solo material-bélica sino espiritual. Españoles y estadunidenses pensaban que estaban extirpando un mal de los territorios invadidos: el demonio, en un caso y el comunismo, en el otro. Ambos imperios no sabían prácticamente nada del territorio ocupado y contemplaban a sus pobladores como seres inferiores y redimibles. Ambos imperios pregonaban que la verdadera causa de su presencia en la tierra del mal no era la avaricia o el interés mezquino, sino la persecución de un "destino manifiesto'. Ambos imperios prestaron oídos sordos al discurso del otro y se limitaron a imponer un juego geopolítico facturado a miles de kilómetros de distancia. Quizás el equivalente más cercano a las crónicas oficiales del siglo XVI sea el libro Viet Cong, de Douglas Pike, el texto oficial que todos los involucrados en la guerra de Vietnam leían antes de tomar decisiones sobre la misma. La mayoría de los soldados que llegaban a Vietnam leían, sin embargo, un manual de no más de cien páginas elaborado por el Departamento de Defensa, que les informaban muy poco de la guerra que iban a enfrentar. Como señala Jonathan Mirsky:

 

“Most American soldiers landing in Vietnam in the 1960s were handed a ninety-three-page booklet called A Pocket Guide to Vietnam. Produced by the Department of Defense, it described how small, well-proportioned, dignified, and restrained Vietnamese people are, how the delicately-boned local women appear in their flowing national dress, how Vietnamese love tea, and don’t like slaps on the back, how they excel at cooking fish.”

 

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Ciertamente, la guerra de Vietnam trajo también sus detractores y, como en la famosa polémica de Las Casas y Sepúlveda, en el siglo XVI, se crearon muy serios enfrentamientos intelectuales entre aquellos que cuestionaban la guerra y sus abusos y los defensores de la política exterior de lo Estados Unidos, sobretodo después de que se conocieran los documentos del Pentágono. Todavía hoy el reaccionario (y excomunista) David Horowitz afirma que la guerra de Vietnam se pudo ganar de no ser por la generación antipatriota que le tocó ir al frente, y de no ser por la crítica de algunos periodistas e intelectuales que se pusieron del lado del enemigo. Pero la realidad fue mucho más contradictoria y compleja que la visión retorcida de Horowitz. La guerra de Vietnam fue una marca en la conciencia del pueblo estadunidense.

En 1966, Frances FitzGerald llegó a Vietnam a los 25 años de edad, como corresponsal de guerra del Atlantic Monthly. del New York Times y del Village Voice. Hija de un alto funcionario de la CIA, era una de las pocas mujeres acreditadas en aquella guerra iniciada dos años antes. Aunque solamente permaneció aquel año en Vietnam, continuó su conocimiento del país con el historiador francés Paul Mus, por entonces en los Estados Unidos, y autor de una obra fundamental sobre la presencia francesa en aquel país del sudeste asiático (Viet-Nam: Sociologie d'una guerre). El resultado de su trabajo fue una obra sobresaliente titulada El Lago en LLamas, Imperialismo y Revolución en Vietnam, ganadora del premio Pulitzer y el National Book Award de 1973. El libro es destacable por su mezcla de crónica periódistica, reportaje e investigación histórica. En este sentido es muy superior a las crónicas de Mary Mcarthy o al libro de Gloria Emerson: Winners and Losers. El Lago en LLamas posee una sabiduría especial, conecta con el sustrato espiritual de Vietnam pero sin buscar redención alguna para ninguna de las dos partes. La conclusión de la guerra que ya se avecinaba pareciera ser casi de película, como la propia Frances FitzGerald lo menciona, pues tanto al gobierno estadunidense como al de Vietnam del sur se les terminó el crédito. El pueblo norteamericano no quiso sufragar los gastos de una guerra inútil que se había prolongado ya por cerca de diez años y sus representantes presionaron al ejecutivo para encontrar una salida negociada al conflicto (la guerra concluiría un año después de publicado el libro de FitzGerald, sin que el gobierno de Nixon reconociera su derrota).

Quinientas páginas de información densa sobre la guerra y sus actores políticos y militares que ya habrá tiempo de comparar con otras fuentes en la siguiente entrega.


 

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Published by Carlos de Landa
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