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24 octubre 2012 3 24 /10 /octubre /2012 01:33

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El Tercer Mundo del siglo XX no se parece demasiado a la Europa de los siglos XVI y XVII. Difícilmente podemos deducir el futuro de los países del Tercer Mundo del pasado de los países europeos. Sin embargo, una exploración atenta de la experiencia europea puede resultar muy útil. Nos mostrará cómo la explotación coactiva jugó un papel fundamental en la creación de los estados europeos; cómo la resistencia popular a esta explotación forzó a aquellos aspirantes a detentar el poder a conceder protección y a contener sus propias acciones. Nos ayudará, por tanto, a eliminar erróneas comparaciones entre el presente del Tercer Mundo y el pasado de Europa, facilitando la comprensión sobre las diferencias con el mundo presente y qué es, por tanto, lo que tenemos que explicar. Puede incluso ayudarnos a analizar la amenazante presencia actual de organizaciones militares y de hostilidades en el mundo actual. Aunque lograr todo esto me encantaría no prometo, sin embargo, nada tan ambicioso finalmente.

 Este ensayo, por tanto, hace referencia al papel que jugaron las formas de violencia organizada en el crecimiento y cambio de esos peculiares sistemas de gobierno que denominamos estados nacionales: organizaciones relativamente centralizadas y diferenciadas cuyos funcionarios, con más o menos suerte, ejercen cierto control sobre esas formas de violencia monopolizadas por una autoridad, sobre el conjunto de una población que habita un territorio amplio y contiguo a otro. Éste razonamiento nace de los trabajos históricos sobre la formación de los estados nacionales en Europa Occidental, especialmente el desarrollo del estado francés a partir del año 1600. Sin embargo, esta argumentación traspasa estos estudios para observarlos desde un punto de vista teórico, aunque, finalmente, aporte pocas explicaciones y ninguna evidencia especialmente reseñable.

 

 

¿Qué hacen los estados?

 

Bajo la expresión general de violencia organizada, los agentes del estado incluyen generalmente cuatro actividades diferentes:

1. La guerra: eliminando o neutralizando a los rivales fuera del territorio en el cual tienen preferencia permanente y notoria en el uso de la fuerza.

2. La construcción del estado: eliminando o neutralizando a sus rivales dentro de ese territorio.

3. Protección: eliminando o neutralizando a los enemigos de sus clientes. 4. Extracción: adquiriendo los medios para llevar a cabo las actividades anteriores: la

guerra, la construcción del estado y la protección.

 

Cada una de ellas – guerra, construcción del estado, protección y extracción – adopta formas muy diferentes. La extracción, por ejemplo, va desde el saqueo más absoluto hasta el tributo periódico pasando por el impuesto burocratizado. Con todo, las cuatro actividades dependen de la tendencia del estado a monopolizar las formas concentradas de coerción. Desde la perspectiva de aquellos que dominan el estado, cada una de ellas – si se llevan a cabo eficazmente – generalmente refuerza a las otras. Por tanto, un estado que elimina con éxito a sus rivales internos, fortalece su capacidad para extraer recursos, para hacer la guerra y para proteger a sus principales partidarios. En los primeros tiempos de la experiencia europea, en líneas generales, estos partidarios eran usualmente los propietarios, la guardia personal del monarca, y los religiosos.

Cada uno de los principales usos de la violencia produjo formas de organización determinadas. La guerra daba como resultado ejércitos, navíos y servicios de suministro. La construcción del estado producía instrumentos permanentes de vigilancia y control dentro del territorio. La protección se apoyaba en la organización que provenía de la guerra y de la construcción del estado pero añadía a ésta un aparato a través del cual el protegido solicitaba la protección debida, especialmente mediante tribunales y asambleas representativas. La extracción formó las estructuras fiscal y contable. La organización y el uso de la violencia, por sí mismas, explican en gran medida la estructura característica de los estados europeos

La regla general parece haber sido la siguiente: cuando más costosa era la actividad, permaneciendo invariables todas las demás circunstancias, más grande era la organización resultante. En el caso, por ejemplo, de que un gobierno determinado invirtiese en grandes ejércitos permanentes – un medio muy costoso, aunque eficaz de preparar la guerra –, era muy probable que la burocracia creada para servir el ejército fuese voluminosa. Además, un gobierno que forma un ejército permanente mientras controla una pequeña población está más predispuesto a incurrir en grandes costes y, por tanto, a construir una estructura voluminosa, que un gobierno de un país muy poblado. Brandenburgo-Prusia fue el clásico ejemplo de alto coste de acuerdo a los recursos disponibles. El esfuerzo prusiano por formar un ejército que pudiese competir con sus más vastos vecinos continentales creó una estructura inmensa; ello militarizó y burocratizó mucho la vida social germana.

Con respecto a la construcción del estado (en el sentido de eliminación o neutralización de los rivales locales de las personas que controlan el estado), un territorio poblado por grandes propietarios o por distintos grupos religiosos generalmente imponía mayores costes a un conquistador que otro caracterizado por un poder fragmentado o una cultura homogénea. Esta vez, la fragmentada y homogénea Suecia, con su relativamente pequeño pero efectivo aparato de control, es el ejemplo claro.

Por último, el coste de la protección (en el sentido de eliminación o neutralización de los enemigos de los clientes de los constructores del estado) aumentaba de acuerdo con el marco en que dicha protección tenía lugar. El esfuerzo de Portugal por obstruir el Mediterráneo a sus comerciantes competidores en el mercado de especias es un caso de manual que ilustra el fracaso del intento de protección que, sin embargo, fortaleció una enorme estructura.

Por lo tanto, el tamaño concreto del gobierno era directamente proporcional al esfuerzo dedicado a la extracción, la construcción del estado, la protección y, especialmente, la guerra, pero inversamente proporcional a la comercialización de la economía y a la cantidad de recursos disponibles. Más aún, el tamaño de cada una de las diferentes partes del gobierno variaba según los ratios coste/recurso de la extracción, la construcción del estado, la protección y la guerra. En el caso de España la hipertrofia de la Corte y de los tribunales es el resultado de siglos de esfuerzo por controlar a los enemigos internos, mientras que en Holanda sorprende ver cómo puede desarrollarse un pequeño aparato fiscal gracias a unos impuestos elevados dentro de una economía rica y comercializada. Evidentemente, la guerra, la extracción, la construcción del estado y la protección eran interdependientes.

 

 

 


(fragmento.)

 

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Published by Carlos de Landa
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